Calles de Sot de Chera
Calles de Sot de Chera

En el interior de la Comunitat Valenciana conviven dos realidades aparentemente contradictorias. Por un lado, decenas de municipios aparecen incluidos en los listados oficiales de localidades en riesgo de despoblación por sus problemas demográficos, económicos y territoriales. Por otro, durante los meses de verano muchos de estos pueblos recuperan parte de la vida perdida: regresan familias vinculadas al municipio, aumentan los visitantes y las segundas residencias vuelven a abrir sus puertas.

El resultado es una fotografía compleja: pueblos que pueden tener unos pocos cientos de habitantes censados, o incluso decenas, durante el invierno y que, durante julio y agosto, multiplican su población. Una transformación que genera actividad económica y vida social, pero también nuevos retos para ayuntamientos con estructuras pensadas para una población mucho más reducida.

La Generalitat Valenciana define los municipios en riesgo de despoblamiento atendiendo a distintos indicadores demográficos y territoriales, como la baja densidad de población, la pérdida de habitantes, el envejecimiento o determinados criterios relacionados con la estructura poblacional. La Ley 5/2023 de medidas contra el despoblamiento establece estos criterios y fija la base para aplicar políticas específicas en estos territorios.

Un problema que viene de décadas: menos jóvenes, menos servicios y menos oportunidades

La despoblación del interior valenciano no es un fenómeno reciente. Tiene sus raíces en los cambios económicos y sociales del siglo XX: el éxodo hacia las ciudades, la pérdida de peso de la agricultura tradicional, la concentración de empleo en áreas urbanas y las dificultades para mantener determinados servicios en pequeños núcleos rurales.

La propia legislación valenciana reconoce que el despoblamiento rural es consecuencia de procesos acumulados durante décadas, relacionados con la transformación del sistema económico, la urbanización y la falta de oportunidades en algunos territorios.

Calles vacías de Titaguas
Calles vacías de Titaguas

Uno de los principales problemas es el envejecimiento de la población. Muchos municipios mantienen un número reducido de habitantes jóvenes, lo que dificulta el relevo generacional, la apertura de negocios y la continuidad de servicios básicos como escuelas, comercios o determinados equipamientos públicos.

La pérdida de población también tiene un efecto acumulativo: menos vecinos implican menos actividad económica, menos consumo y más dificultades para mantener servicios. En algunos pueblos, la llegada del verano supone una ruptura temporal con esa tendencia.

Cuando llega el verano, los pueblos vuelven a llenarse

Durante los meses estivales, muchos municipios del interior valenciano experimentan un importante aumento de población. Vuelven personas que emigraron a las ciudades, familias que conservan una vivienda heredada y visitantes atraídos por el patrimonio, la naturaleza, la gastronomía o las fiestas tradicionales.

Ese fenómeno crea una imagen diferente a la del invierno. Calles que permanecen tranquilas durante buena parte del año recuperan vecinos; los bares y comercios tienen más actividad; las fiestas patronales reúnen a cientos de personas y las plazas vuelven a convertirse en espacios de encuentro.

Pero esa recuperación es principalmente estacional. La gran pregunta para muchos municipios es cómo transformar esa población vinculada al verano en nuevos residentes permanentes.

El reto no es únicamente atraer visitantes. El desafío al que se enfrentan las administraciones es conseguir que haya vivienda disponible, empleo, buena conexión digital y servicios suficientes para que una familia pueda plantearse vivir durante todo el año.

Más habitantes durante semanas, pero los mismos recursos municipales

El aumento de población en verano supone también una presión añadida para ayuntamientos pequeños. La población oficial es la que sirve como referencia para buena parte de la planificación administrativa, pero durante unas semanas la demanda real de servicios puede ser mucho mayor.

Los municipios deben afrontar incrementos del consumo de agua, mayor generación de residuos, más necesidades de limpieza viaria, más actividad cultural y una mayor demanda de servicios públicos.

Esta diferencia entre población empadronada y población real es uno de los grandes debates del mundo rural: cómo financiar y organizar servicios cuando un municipio puede tener una población estable reducida, pero debe responder durante el verano a una carga mucho mayor.

Mojigangas de Titaguas
La época de fiestas de verano en Titaguas llenan de vida las calles

Las administraciones buscan frenar la pérdida de habitantes

La lucha contra la despoblación se ha convertido en una línea prioritaria de actuación para la Generalitat Valenciana o la Diputació de València.

Entre las medidas impulsadas se encuentran ayudas a municipios en riesgo de despoblamiento, inversiones en edificios e infraestructuras municipales, programas vinculados a vivienda, conectividad, servicios y apoyo al desarrollo local. La Generalitat mantiene convocatorias específicas dirigidas a municipios incluidos en esta clasificación.

La disponibilidad de vivienda es uno de los grandes retos. Muchos pueblos cuentan con viviendas vacías o infrautilizadas, pero no siempre están en condiciones de ser habitadas o disponibles para nuevos vecinos. La normativa valenciana contempla actuaciones para favorecer la movilización de vivienda y mejorar las oportunidades residenciales en estos territorios.

También se apuesta por nuevas formas de actividad económica, el turismo rural, el teletrabajo y la mejora de las comunicaciones digitales como herramientas para atraer población.

Ayudas para atraer población y revitalizar los pueblos valencianos

La Diputació de València ha activado una línea de ayudas dotada con 450.000 euros para que ayuntamientos y mancomunidades impulsen proyectos destinados a mejorar la calidad de vida en los municipios, generar empleo y favorecer la llegada de nuevos residentes.

La convocatoria, promovida desde el área de Desarrollo Territorial Sostenible, busca dar respuesta a algunos de los principales retos de los territorios rurales y en riesgo de despoblación, como la falta de vivienda, el envejecimiento de la población, la pérdida de comercios y servicios o la dificultad para garantizar el relevo generacional en negocios locales.

Los fondos permitirán financiar actuaciones relacionadas con el fomento del alquiler de viviendas, el apoyo a la agricultura local, la continuidad de comercios y establecimientos hosteleros, la atención a personas mayores o la puesta en marcha de programas de acogida para nuevos vecinos. Las entidades locales podrán recibir hasta 30.000 euros por proyecto.

Presentación de la campaña turística 'Te falta pueblo' de la Diputació de València con el objetivo de revitalizar la actividad en los municipios de interior durante todo el año
Presentación de la campaña turística ‘Te falta pueblo’ de la Diputació de València con el objetivo de revitalizar la actividad en los municipios de interior durante todo el año

La iniciativa también contempla la creación de nuevos planes de dinamización socioeconómica y la incorporación de herramientas digitales para mejorar la gestión del empleo, facilitar el emprendimiento y favorecer la transmisión de negocios.

Desde la Diputació destacan que la lucha contra la despoblación requiere medidas adaptadas a las necesidades de cada territorio y el impulso de proyectos que generen oportunidades reales para vivir, trabajar y emprender en los municipios valencianos. Con esta convocatoria, la institución provincial refuerza su estrategia de apoyo al medio rural y al desarrollo equilibrado del territorio.

El reto de la despoblación: que el verano no sea la única época de vida

Los pueblos del interior valenciano no están completamente vacíos. Al contrario: muchos mantienen una fuerte identidad, actividad cultural y capacidad de atraer visitantes y antiguos vecinos.

La dificultad está en conseguir que esa energía del verano se convierta en una realidad permanente. Que las calles llenas de agosto tengan continuidad en enero; que las viviendas abiertas unos meses al año puedan convertirse en hogares; y que los jóvenes que marcharon encuentren motivos para regresar.

La despoblación no se combate únicamente llenando plazas durante unas semanas, sino creando las condiciones para que vivir en un pueblo sea una opción viable durante los doce meses del año.