La desconocida historia de la Geperudeta
La desconocida historia de la Geperudeta

València tiene imágenes que no se miran solo con los ojos. Se miran con memoria. Se miran con todo lo que una ciudad ha puesto delante de ellas durante siglos. Promesas, lágrimas, flores, fiestas, silencios y generaciones enteras han pasado ante la Virgen de los Desamparados, una de las devociones más profundas de la ciudad.

Este año, la imagen primitiva e histórica de la patrona, custodiada en el camarín de la Real Basílica, alcanza una fecha muy especial. Ya cuenta con seis siglos de su tallado, lo que permite volver al origen de una figura que forma parte de la historia sentimental de València y que el pueblo conoce, desde hace generaciones, con un nombre cercano y único: la Geperudeta.

Una primera pista en los archivos de 1425

El origen documentado de la imagen se sitúa en el entorno del año 1425. No se conservan registros anteriores que mencionen su existencia, aunque ese año ya aparece una pista clave. En el inventario de la Cofradía se recoge un pago al carpintero Bernat Corts por la construcción de una caja destinada a guardar la imagen de la Virgen María. Ese dato permite pensar que la talla ya estaba elaborándose, terminándose o preparada para recibir sus últimos acabados.
Un año después, en 1426, la imagen aparece mencionada de forma más clara en la documentación de la Cofradía. En ese inventario se identifica como una imagen de la Virgen María que iba sobre los cuerpos, con un brote de lirio y una cruz de madera. Ese detalle resulta fundamental para entender su primer uso y también su forma original, ya que no nació como una imagen pensada para permanecer en un altar, sino para acompañar a los más desamparados.
La devoción está unida al antiguo Hospital de Ignoscents, Folls e Orats, surgido en 1410 y puesto bajo el patronato de la Virgen María. En aquel contexto, la imagen fue tomando primero el nombre de Nostra Dona Sancta María dels Ignocents. Más tarde, en 1493, Fernando el Católico determinó que pasara a titularse Nostra Dona dels Desamparats, una denominación que acabaría marcando para siempre la identidad religiosa y popular de València.

La autoría de la talla sigue sin estar cerrada.

Los expertos la han vinculado a un escultor de estilo gótico con influencias de la escuela borgoñona. Pudo ser un artista local o un creador llegado a València durante el esplendor económico y cultural del siglo XV. Sin embargo, la falta de documentación dejó espacio a una leyenda que se hizo muy popular con el paso del tiempo. Según esa tradición piadosa, la imagen habría sido realizada por ángeles.

Una imagen creada para acompañar a los más desamparados

Más allá de esa leyenda, la imagen tiene unas características muy concretas. Era una talla ligera, preparada para ser transportada en los entierros de los ajusticiados. Su posición era yacente, con el Niño Jesús en el brazo izquierdo, mirándola a ella y sosteniendo una pequeña cruz. Esta forma explica parte de su singularidad y ayuda a entender por qué su silueta quedó tan grabada en la memoria colectiva.

A diferencia de otras vírgenes yacentes del Mediterráneo, la Virgen de los Desamparados presenta los ojos abiertos. Su cabeza aparece inclinada hacia delante por el apoyo original sobre un almohadón, lo que terminó dando a la imagen una apariencia muy reconocible. Esa postura, tan distinta y tan familiar para los valencianos, está detrás de la forma cariñosa con la que el pueblo comenzó a llamarla la Geperudeta.

Con el tiempo, la imagen cambió. Sus brazos, en origen más relajados, fueron modificados después de que la Iglesia prohibiera colocar imágenes de vírgenes o santos sobre féretros. También su rostro sufrió intervenciones. La cara original respondía a una figura joven de estética gótica, mientras que la actual muestra rasgos más adultos tras varias restauraciones. Aun así, las autoridades eclesiásticas rechazaron cambiarla por completo, ya que el pueblo estaba profundamente unido a la imagen conocida.

La historia de la Virgen también atravesó momentos de enorme dificultad. Durante la Guerra Civil, la Basílica fue asaltada en julio de 1936 y la imagen sufrió daños importantes. Para protegerla, fue trasladada al Archivo Histórico Municipal y escondida detrás de un muro. Al acabar la guerra, se recuperó y fue restaurada por los escultores Carmelo Vicent Suria y Vicente Balaguer Alhambra, que lograron devolverle su presencia devocional.

Este fin de semana 

Hoy, la Virgen de los Desamparados sigue ocupando un lugar central en la vida festiva y emocional de València. Su festividad, que este año se celebra el domingo 10 de mayo, vuelve a reunir actos religiosos, tradición popular y una devoción que se transmite de padres a hijos. Pero esa relación con la patrona no solo se vive en la Basílica o en la plaza. También ha llegado a los hornos.

En los últimos años, los obradores valencianos han recuperado un dulce muy ligado a esta celebración: Les Geperudetes. Se trata de unas tortas redondas, de textura esponjosa, elaboradas con calabaza y almendra, dos ingredientes muy presentes en la repostería valenciana. En el centro llevan la silueta de la Virgen dibujada con azúcar glas, un detalle sencillo y muy reconocible que convierte cada pieza en un pequeño homenaje comestible.

Les Geperudetes, dulce valenciano de calabaza y almendra por la Virgen de los Desamparados
Les Geperudetes vuelven a los hornos valencianos con motivo de la festividad de la Virgen de los Desamparados

La campaña está impulsada por el Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia. Con la colaboración del Ayuntamiento de València, y este año alcanza su sexta edición. Su objetivo no es solo endulzar los días previos a la fiesta, sino también reforzar el papel de la panadería y la pastelería artesanal valenciana. Detrás de cada Geperudeta hay oficio, producto local y una manera de entender las tradiciones desde los hornos de barrio.

Un empaque exclusivo

Además, esta edición incorpora un packaging exclusivo diseñado para la campaña. Este detalle refuerza la identidad del dulce y lo convierte en una propuesta especial para llevar a casa, compartir en familia o regalar durante los días grandes de la patrona. Así, la devoción se une a la gastronomía y la tradición se convierte en algo que también se puede saborear.

La historia de la Geperudeta empezó hace seis siglos con una imagen pensada para acompañar a quienes más lo necesitaban. Hoy sigue viva en la Basílica, en la memoria de València, en las calles durante su fiesta y también en los mostradores de los hornos. Porque en esta ciudad hay tradiciones que se veneran, se cuentan y, algunas veces, también se comen.