Una periodista valenciana desvela las cinco señales para detectar mentiras

La obra 'Hijos que callan, gestos que hablan’ de Susana Fuster es una guía sobre el lenguaje no verbal y la detección de la mentira en adolescentes

341

La adolescencia es una etapa complicada, tanto para los adolescentes como para quienes «los sufren». Una gran mayoría de padres con hijos adolescentes en casa se quejan de lo mismo: falta de comunicación. Y quizá ahí reside gran parte del error. Los adolescentes están diciendo muchas cosas, el problema es que no sabemos interpretar correctamente lo que comunican con su mirada, sus expresiones faciales, su postura, sus gestos, su voz o incluso la ropa que visten.

El libro de la periodista valenciana Susana Fuster ‘Hijos que callan, gestos que hablan’, aporta las claves para aprender a «leer» lo que los adolescentes expresan a través de estos y otros canales no verbales, facilitando de este modo la comprensión y el entendimiento mutuo.

Susana Fuster junto a su obra ‘Hijos que callan, gestos que hablan’.

La verdad sobre las mentiras. ¿Por qué mienten los adolescentes?

Antes de contestar a esta pregunta Susana confiesa algo: “Yo miento”. Tú también lo haces. Todos mentimos. Algunos más que otros, con mayor o menor éxito, contando grandes o pequeños embustes. Los adolescentes no son una excepción pero se puede detectar si tu hijo te engaña:

1. Mirada fija. Aunque existe la creencia de que el mentiroso no mira a los ojos de su interlocutor, ya sabes que se trata de un mito. Es más, si ha preparado bien su discurso, no dejará de hacerlo. Si tu hijo es de los que suele hablarte sin mantener contacto visual contigo, por ejemplo, con los ojos puestos en el móvil, trata de identificar en qué momento del relato cambia su comportamiento y te presta toda la atención. Seguro que está pendiente de cómo estás reaccionando ante la historia que está fabricando. Los buenos mentirosos lo hacen.

2. Microexpresiones faciales. Un ceño fruncido cuando te dice que está contento, una boca ligeramente estirada hacia las orejas reflejando el miedo que siente o unos labios apretados que denotan tensión, pueden ayudarte a interpretar la inconsistencia entre lo que dice y siente.

3. Escasa gesticulación. Contrariamente a lo que se piensa, que los mentirosos no paran de moverse, si el adolescente no está siendo sincero y está concentrado en elaborar y contar bien su embuste, su gesticulación menguará. La explicación científica es que el sobreesfuerzo cognitivo que está realizando hace que todos los recursos se destinen a tal fin, lo que hace que disminuyan sus gestos ilustradores, también los movimientos de sus extremidades inferiores.

4. Frecuencia del parpadeo. La paralización corporal que acompaña al relato del mentiroso también afecta a su cadencia de parpadeo. Al estar concentrado relatando su historia y pendiente de que sea creíble, su atención mental es tal que el parpadeo casi casi se congela. Por eso, nada más contar el engaño, su pestañeo puede aumentar significativamente.

5. La voz se agudiza. Las emociones que está experimentando tu hijo cuando te está engañando, y que aumentan cuanto más considere que está arriesgando, también afectan a su aparato fonador. Está comprobado que el estrés y la ansiedad influyen en la frecuencia y la vibración de las cuerdas vocales, que al tensarse provocan temblor. El tono se eleva ante una perturbación emocional, por eso su voz sonará más aguda de lo normal si está temeroso por si le descubres.

Los valencianos desconocen las normas de circular en patinete

Valencia se presenta como sede para acoger la próxima gala de los Goya