El Mediterráneo afronta una nueva amenaza para su biodiversidad. Se trata del Lagocephalus sceleratus, conocido como pez sapo de mejillas plateadas, una especie invasora que ha despertado la preocupación de científicos y autoridades por su rápida expansión, su extraordinaria capacidad depredadora y el riesgo que supone tanto para la pesca como para las personas.
Aunque su presencia en el Mediterráneo se detectó por primera vez hace más de dos décadas, en los últimos años su población ha aumentado de forma significativa y ya se han registrado ejemplares en países como Grecia, Italia, Croacia y Chipre, confirmando un avance constante hacia el Mediterráneo occidental.
El animal, originario del océano Índico y del Pacífico occidental, ha llegado a estas aguas atravesando el Canal de Suez, un fenómeno conocido por la comunidad científica como migración lessepsiana. A ello se suma un factor que está favoreciendo su expansión: el progresivo calentamiento del Mediterráneo.
Los expertos recuerdan que el mar Mediterráneo ha incrementado su temperatura alrededor de 1,5 grados en las últimas cuatro décadas, convirtiéndose en una de las cuencas marinas que más rápido se están calentando en el planeta. Este cambio facilita que especies tropicales encuentren unas condiciones idóneas para establecerse y reproducirse.
Una mordida capaz de provocar amputaciones
El pez sapo de mejillas plateadas no destaca por su tamaño, que puede llegar al metro de longitud, sino por la enorme fuerza de sus mandíbulas. Sus dientes, fusionados formando una especie de pico, y le permiten romper con facilidad caparazones, anzuelos, redes de pesca e incluso materiales mucho más resistentes. Precisamente esa potencia ha dado lugar a varios incidentes registrados en el Mediterráneo oriental.

En Grecia, una mujer necesitó atención hospitalaria tras ser mordida mientras se bañaba cerca de Atenas. Además, investigadores y pescadores han documentado casos de lesiones muy graves, incluyendo amputaciones parciales de dedos en personas que intentaron manipular estos peces.
Los expertos advierte de que, aunque este tipo de ataques siguen siendo poco frecuentes, conviene evitar cualquier contacto con el animal. Según señalan, algunas mordeduras se han producido cuando los bañistas han intentado alimentarlo o tocarlo.
Además, los científicos insisten en que no se trata de una especie que ataque deliberadamente a los humanos, pero sí puede reaccionar de forma extremadamente agresiva si se siente amenazada o manipulada.
Tóxico para las personas y devastador para la pesca
La preocupación no termina en su poderosa mordida. Esta especie de pez globo contiene tetrodotoxina, una neurotoxina extremadamente peligrosa presente en distintos órganos de su cuerpo. Su consumo puede provocar graves intoxicaciones, con síntomas que van desde la parálisis muscular hasta insuficiencia respiratoria y cardíaca, por lo que las autoridades sanitarias desaconsejan completamente su ingesta.
Al mismo tiempo, la especie está generando importantes pérdidas económicas para el sector pesquero. Su dieta prácticamente no tiene límites: devora peces, moluscos y crustáceos, destruye redes y captura especies que posteriormente inutiliza para su comercialización.
Greece is paying fishermen to catch toxic fish that can bite through soda cans
The invasive silver-cheeked toadfish has been spreading through the Mediterranean as sea temperatures rise pic.twitter.com/bia5VnkiR1
— Dexerto (@Dexerto) June 27, 2026
Pescadores griegos aseguran que cada vez resulta más habitual encontrar redes completamente destrozadas tras el paso de estos peces, lo que obliga a dedicar jornadas enteras únicamente a reparar el material antes de poder volver a faenar. Ante esta situación, algunos países han decidido actuar. Grecia ofrece actualmente una compensación económica por kilogramo capturado, mientras que Chipre ha puesto en marcha programas específicos para controlar su población y limitar su expansión.
El calentamiento del Mediterráneo favorece su expansión
La presencia del pez sapo de mejillas plateadas se ha convertido también en un nuevo ejemplo de cómo el cambio climático está modificando los ecosistemas marinos. El aumento sostenido de la temperatura del agua permite que especies tropicales sobrevivan durante todo el año en zonas donde hace apenas unas décadas les habría resultado imposible establecerse.
Los investigadores consideran que esta tendencia podría favorecer la llegada de nuevas especies invasoras al Mediterráneo durante los próximos años, con consecuencias todavía difíciles de cuantificar para la biodiversidad y para sectores económicos como la pesca o el turismo.
Aunque los especialistas insisten en que el riesgo para los bañistas sigue siendo bajo y que los ataques documentados son excepcionales, recomiendan no manipular ejemplares que puedan encontrarse durante actividades de buceo o snorkel y avisar a las autoridades en caso de avistamiento.













