Corredor
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El president de la Generalitat, Ximo Puig, ha reclamado a la Administración del Estado que priorice el desarrollo de infraestructuras “necesarias”, como el Corredor Mediterráneo, para poder aprovechar el “gran potencial” que proporciona a la Comunitat Valenciana su ubicación en el centro del Mediterráneo y la convierte en la segunda autonomía española en volumen de exportación.

“El Corredor Mediterráneo no es una exigencia, sino una realidad efectiva de pérdida de competitividad cada día que pasa”, ha subrayado durante la presentación del estudio ‘Impacto económico de los puertos de la Autoridad Portuaria de València en 2015’, en la que también ha reivindicado de nuevo la vía Sagunto-Teruel para comunicar el arco mediterráneo con el puerto seco de Zaragoza.

En su intervención, el jefe del Consell ha apelado a la implicación del sector público en la ejecución de infraestructuras que vertebren las comunicaciones, puesto que el puerto es “parte del Estado emprendedor” y es este quien “invierte realmente en el territorio”.

Por ello, ha lamentado el “gran síndrome centralista” que ha padecido históricamente la Comunitat Valenciana, lo que ha generado una “falta de racionalidad en la inversión en las infraestructuras públicas” con resultados negativos para el conjunto de España.

Tal y como ha resaltado Puig, el informe dado a conocer este lunes, elaborado por la Universitat Politècnica de València en colaboración con la Autoridad Portuaria de València, evidencia la importancia de tener “un sector público potente, ordenado y eficaz” que, además de emprendedor, sea también “colaborador”.

El president ha indicado que los datos extraídos evidencian cómo el puerto de València, que emplea a más de 30.000 personas, es un motor de la economía en el territorio valenciano. En ese sentido, ha expresado su satisfacción por que se reconozca “el valor del puerto” y por que este potencial se visibilice ante la sociedad.

Finalmente, el jefe del Consell ha apostado por fortalecer la relación entre las infraestructuras, como los puertos, y los territorios, a fin de fomentar “una buena convivencia”. Como ha explicado, ello implica un traslado de los beneficios generados por los enclaves portuarios a las poblaciones, además de estudiar maneras para minimizar los impactos negativos que se deriven de su actividad.