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El verano ha dado mucho de sí. Las vacaciones han servido para que pasemos horas tumbados en la playa o charlando con los amigos en los chiringuitos junto a una bebida refrescante un un plato de calamares a la romana. Pero una vez ha regresado la rutina, nos entra el cargo de conciencia y las prisas por perder los kilos ganados. Una de las primeras opciones es apuntarnos a gimnasios y en septiembre es cuando las matriculaciones en los centros deportivos aumentan, por lo que si no vamos convencidos corremos el riesgo de abandonar.

La actitud con la que afrontemos este nuevo propósito no debe tomarse como una carrera de fondo. Debemos conocer cuál va a ser nuestro objetivo y dejarnos guiar por los responsables del gimnasio.

La demanda de los clientes suele estar clara: quieren perder peso por motivos únicamente estéticos. Pero cada vez hay más personas que deciden apuntarse a un gimnasio por cuestiones de salud.

Pero si lo que queremos es volver a la talla que hemos perdido en vacaciones, sentimos decirles que el gimnasio no es la única solución.