La mascarilla desaparecerá
Una empleada de farmacia despacha una mascarilla a una clienta. / Marcial Guillén (EFE)

El adiós definitivo a las mascarillas, que llegaron a nuestras vidas hace dos años, está cada día más cerca. Este miércoles 20 de abril ha entrado en vigor el Real Decreto del Ministerio de Sanidad con el que la mascarilla en interiores deja de ser obligatoria.

Sin embargo, no en todos los casos desaparece la mascarilla pues siempre hay excepciones. La mascarilla sigue siendo obligatoria en los centros de salud, hospitales, farmacias y residencias. También lo es en el transporte público sin excepción: aéreo, marítimo, ferrocarril, autobuses y metro. En otros espacios, como la hostelería, el ocio nocturno, cines y gimnasios sí se recomienda usarla pero no es obligatorio.

Desde el Ministerio de Sanidad aluden siempre a un uso responsable de la mascarilla por parte de los ciudadanos. Además, recomiendan usar la mascarilla a las personas con una mayor vulnerabilidad. También cuando no se pueda respetar la distancia de metro y medio en los espacios cerrados de uso público donde se puedan producir aglomeraciones; eventos multitudinarios; en el entorno familiar y en reuniones privadas en función de la vulnerabilidad de los participantes.

Por lo que respecta al entorno laboral, aseguran que «no resultará perceptivo el uso de mascarillas». La decisión depende por tanto del departamento de riesgos laborales de cada empresa.

Sin embargo, este nuevo decreto ha provocado un aluvión de dudas sobre la obligatoriedad de llevar mascarilla en ciertos ámbitos del día a día: ¿Qué ocurre en el ascensor? ¿Debemos llevar la mascarilla puesta? ¿Y en el portal?

Las mascarillas no son obligatorias en la comunidad de vecinos 

El uso de la mascarilla en la comunidad de vecinos y todo lo que ello implica -ascensores, portales o reuniones- no es obligatorio. Así, también aquí son los ciudadanos quienes deciden si deben ponérsela o no.

Sin embargo, según las recomendaciones de Sanidad y de los expertos, sí se aconseja usarla en lugares donde no se puede asegurar la distancia de seguridad. Un ejemplo sería si dos personas no convivientes se suben juntos al ascensor. En la mayoría de los elevadores no existe espacio suficiente para guardar distancia siendo recomendable aunque no obligatorio.

De este modo, queda en manos de los propios vecinos el decidir si subir juntos en el ascensor cuando haya uno de los dos que no lleve la mascarilla.