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(Pablo Viñado).- La Constitución Española, el texto sobre el que se erigió nuestra democracia tras casi cuatro décadas de dictadura, cumple hoy 40 años. Y lo hace en un tiempo extraño en el que la “indivisibilidad” del Estado se ve amenazada por el Procés, la ultraderecha vuelve a estar en auge y aún existen derechos básicos, como la libertad de expresión, que parecen no estar garantizados en nuestro día a día.

Nuestra Constitución, tras todo este tiempo, puede no haber envejecido bien. La crisis de los 40 puede azotar a cualquiera, y quizás es hora de llevar a cabo algunas modificaciones en ella. En sendas entrevistas concedidas al periódico El País, nuestros representantes en la primera línea política propusieron una serie de enmiendas que podrían darle un aire nuevo al pilar de nuestro Estado de Derecho.

Una de las propuestas más sólidas y de mayor consenso es la reforma en el sistema de sucesión a la Corona. En la concepción de nuestra Carta Magna, el Parlamento aprobó un artículo en el que se estipulaba que el varón siempre tendría preferencia en el orden sucesorio a la Corona con respecto a la mujer. En 2018, los cuatro principales grupos parlamentarios (PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos) están de acuerdo en que este punto ya no es legítimo y por tanto debería ser revisado. No obstante, en este sentido, Podemos va más allá: para los de Pablo Iglesias ni siquiera debería existir la monarquía, por lo que modificar ese apartado sería insuficiente.

También contaría con un gran respaldo parlamentario la eliminación de los famosos aforamientos, los cuales, según Pablo Casado “benefician a más de 200.000 personas” entre políticos, policías, guardias civiles, jueces y fiscales. La propuesta ya ha sido aprobada por el Consejo de Ministros, y Pedro Sánchez se muestra esperanzado respecto a la posibilidad de que esta enmienda de nuestra Carta Magna acabe cristalizando.

Otra cuestión relevante, aunque mucho más polarizante, es la de la revisión de las competencias territoriales. En este aspecto, mientras Podemos y PSOE abogan por un modelo próximo al federalismo, en el que las comunidades autónomas tengan aún más soberanía de la que tienen hoy día, PP y Ciudadanos apuestan por un modelo en el que el Estado central acumule más margen de ejecución.

Por último, nuestros políticos no se olvidan de la función que ejerce el Senado. Según Gregorio Cámara, del PSOE el modelo actual del senado “no sirve para hacer lo que dice la Constitución, que es representar a los territorios”. Pablo Iglesias, por su parte, asegura que el Senado “no es útil” y que se constituye a modo de cementerio de elefantes “al que llevar a muchos procuradores del franquismo”, por lo que aboga por su supresión. Mucho más tibios se muestran Rivera y Casado, que hacen hincapié únicamente en reforzar sus competencias territoriales.

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