Un equipo del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la Universitat Politècnica de València nos explica cómo reducir la rotura exterior de las naranjas y mandarinas. Su estudio ha demostrado cómo una aplicación temprana de una hormona vegetal (2,4-D) permite reducir de forma significativa el rajado de los frutos en cítricos.
El rajado aparece cuando la pulpa del fruto crece más rápido que la piel, normalmente tras las primeras lluvias del otoño. Si la corteza no se expande al mismo ritmo, acaba rompiéndose. Esto provoca pérdidas que pueden alcanzar el 40% de la cosecha en mandarinas, como la variedad ‘Nova’, y algunos tipos de naranja, como las ‘Navel’.
Cuando la pulpa del fruto crece más rápido que su piel, la corteza no resiste la presión y aparece una grieta. Esos frutos ya no se pueden vender, lo que provoca importantes pérdidas económicas año tras año.
El estudio se ha realizado en plantaciones comerciales de mandarina ‘Nova’ en la Comunitat Valenciana. Demuestra que la aplicación de ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D), en su nueva formulación sal dimetilamina, durante una fase muy concreta del desarrollo del fruto, cuando comienza la etapa de expansión celular, puede reducir el rajado hasta un 70 %, sin afectar al tamaño ni a la calidad del fruto. Además, este descenso del número de frutos dañados se traduce en un aumento significativo del rendimiento final de la cosecha.
«El secreto está en reforzar la piel de los frutos desde dentro. Gracias al tratamiento, las células de la corteza se vuelven más grandes, más flexibles y con paredes más gruesas. Esto hace que la piel tenga mayor capacidad para estirarse a medida que el fruto crece, sin llegar a romperse, lo que justifica el porqué de la aplicación de 2,4-D y el momento preciso del tratamiento», explica Carlos Mesejo.
Además, entre las ventajas de esta nueva formulación de 2,4-D para reducir el rajado destaca que no es necesario aplicar grandes cantidades, sino hacerlo en el momento justo.
«No se trata de usar más producto, sino de aplicarlo justo cuando el fruto empieza la fase lineal de crecimiento. Incluso con una sola aplicación en esa fase temprana ya hemos obtenido grandes resultados. Es importante mojar la mayor parte de frutos del árbol porque el efecto es directo sobre la parte exterior de la corteza. En algunos casos, la reducción de frutos dañados fue de casi la mitad solo con un tratamiento puntual», apunta Carlos Mesejo.
El estudio, publicado en el Journal of Agriculture and Food Research, se realizó en plantaciones de mandarinas de agricultores y del grupo Agrihold.












