
València ya ha entrado en ese momento del año en el que una sombra vale oro. Las terrazas se llenan antes, las playas empiezan a tener ambiente de temporada y salir a mediodía vuelve a ser una pequeña prueba de resistencia. El termómetro ya supera los 35 grados y la ciudad cambia de ritmo.
Pero hay alguien que no elige la hora del paseo. Tampoco puede pedir una calle con sombra, abrir la nevera o decir que el asfalto quema. Los perros también viven esta subida de temperaturas y muchas veces la sufren más de lo que imaginamos.
En València, donde cada vez más hogares conviven con animales, el calor no es solo una incomodidad. Es una cuestión de salud. Los últimos datos apuntan a que cuatro de cada diez valencianos disfrutan ya de la compañía de algún animal en casa. Por eso, cuando llega el calor, la pregunta se repite: ¿cómo afecta realmente a los perros?
Santiago Peris, veterinario del Colegio de Veterinarios de Valencia, lo resume con una frase muy clara: “Si nosotros pasamos calor, ellos más”. La explicación tiene sentido. Las personas podemos cambiar de plan, podemos buscar una cafetería fresca, volver a casa o cruzar de acera para ir por la sombra. Sin embargo, ellos dependen de nosotros.
Además, su cuerpo no funciona como el nuestro, los perros no sudan como las personas, no eliminan el calor por toda la piel. Su principal vía para regular la temperatura es el jadeo. También liberan algo de calor por las almohadillas de las patas. Peris lo explica así: “Ellos prácticamente no sudan. Lo hacen a través de los deditos y de su respiración”.
Y aquí está el punto clave, lo que para una persona puede parecer “un poco de calor”, para un perro puede convertirse en una situación complicada. A partir de 20 o 23 grados, algunos animales ya pueden empezar a tener dificultades. Es decir, cuando el termómetro se acerca a los 30 grados, el riesgo aumenta.
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En una ciudad como València, el efecto se multiplica. Por ejemplo, el asfalto acumula calor, las aceras se recalientan, las zonas sin sombra convierten un paseo corto en un esfuerzo mucho mayor. Por eso las horas centrales del día son las más delicadas.
De hecho, hay una prueba sencilla que puede evitar un susto. Apoya la mano unos segundos en el suelo, si no puedes aguantar, tu perro tampoco debería caminar por ahí. Sus almohadillas pueden quemarse y el problema no siempre se ve al instante.
El calor también puede provocar deshidratación. Un perro que jadea demasiado, se muestra cansado o busca tumbarse continuamente puede estar avisando de que algo no va bien. Si la exposición se alarga, el riesgo puede ir más allá.
¿Cómo detectar el golpe de calor?
El gran peligro es el golpe de calor, no es una exageración es una urgencia. Puede aparecer en pocos minutos y sus señales son claras: dificultad para respirar, debilidad, desorientación, vómitos o un jadeo muy intenso. En los casos más graves puede provocar daños en órganos e incluso la muerte.
Algunos perros necesitan todavía más atención. Estos son los de hocico corto, conocidos como perros chatos o braquicéfalos, son más vulnerables. Según Peris, tienen “una gran dificultad para el intercambio calórico”. Respiran peor y regulan peor la temperatura, por eso el calor les afecta antes.
También hay que vigilar más a los cachorros, los perros mayores, los animales con sobrepeso y aquellos con enfermedades previas. El calor no les afecta a todos igual, algunos se quedan apagados, otros se muestran inquietos. Además también puede cambiar su comportamiento.
Y luego está el clásico error del verano: dejar al perro dentro del coche “solo un momento”. Ese momento puede salir muy caro, Peris advierte de esos “cinco minutitos de nada” que se convierten en quince o veinte. Dentro de un coche cerrado, la temperatura sube rápido, el animal no puede salir, no puede abrir una puerta, no puede buscar aire…
La prevención no exige grandes cosas, solo sentido común: agua fresca siempre disponible, paseos a primera hora o al final del día, sombra, descanso, nada de carreras bajo el sol y mucho cuidado con el suelo caliente.
El verano también trae otro frente: pulgas, garrapatas y mosquitos. No son solo una molestia, pueden transmitir graves enfermedades. Por eso el veterinario recomienda consultar siempre con un profesional y no fiarse de cualquier producto. “Hay muchísimas cosas que no funcionan”, advierte sobre algunos repelentes que se venden como solución fácil.
València empieza a oler a verano y eso también cambia la forma de cuidar a los perros. El paseo ya no puede hacerse a cualquier hora, el coche no puede ser una sala de espera y el agua no puede faltar nunca, porque cuando el calor aprieta, ellos no solo lo notan, lo padecen.












