La provincia de Valencia vuelve a prepararse para un nuevo episodio de temperaturas extremas. Tras el breve respiro del fin de semana, los termómetros volverán a dispararse y todo apunta a que la Comunitat Valenciana afrontará una nueva ola de calor. Sin embargo, más allá de las consecuencias para la población, hay un lugar donde el calor preocupa especialmente: la Albufera.
El parque natural encara este episodio con la experiencia del verano pasado todavía muy presente. En 2025 las elevadas temperaturas elevaron el agua de la laguna por encima de los 30 grados, favoreciendo una drástica reducción del oxígeno disuelto que acabó provocando una importante mortandad de peces y obligó a la administración a adoptar medidas extraordinarias para evitar un deterioro mayor del ecosistema.
Ahora, aunque la situación todavía no ha alcanzado esos niveles, los indicadores vuelven a encender las alarmas. En apenas una semana, la temperatura del agua ha pasado de aproximadamente 25 a 28 grados. Aún está lejos de los registros máximos del año pasado, pero los expertos advierten de que varios días consecutivos de calor intenso pueden acelerar rápidamente ese aumento.
La noche, el momento más delicado para la laguna
Uno de los mayores riesgos para la Albufera no llega durante las horas centrales del día, sino cuando cae el sol. Mientras hay luz, el fitoplancton realiza la fotosíntesis y aporta oxígeno al agua. Sin embargo, durante la noche ese proceso se detiene mientras peces, plantas y microorganismos continúan consumiéndolo.
El problema se agrava cuando el agua alcanza temperaturas muy elevadas. Cuanto más caliente está la laguna, menor es la cantidad de oxígeno que puede retener y, al mismo tiempo, mayor es la demanda de este gas por parte de los peces, cuyo metabolismo se acelera con el calor.

Esta combinación fue la responsable del episodio de anoxia registrado el pasado verano, cuando aparecieron cientos de peces muertos en distintos puntos de la Albufera.
Por el momento, los niveles de oxígeno se mantienen dentro de parámetros normales, por lo que no está previsto activar medidas extraordinarias como la apertura continuada de las compuertas o aportes adicionales de agua. No obstante, la evolución de las temperaturas durante esta semana será clave para comprobar si el ecosistema logra soportar el nuevo episodio sin consecuencias.
El calor también golpea a aves, pesca y arroz
Las altas temperaturas tienen un impacto mucho más amplio que el que se aprecia a simple vista. Las aves acuáticas sufren un importante estrés térmico, especialmente aquellas que todavía mantienen pollos o completan su reproducción. Los adultos deben repartir sus esfuerzos entre proteger los nidos del calor y buscar alimento, una situación que reduce sus posibilidades de éxito reproductor.
Además, el incremento de la temperatura del agua favorece el deterioro de su calidad y aumenta el riesgo de aparición de enfermedades que afectan a distintas especies del humedal.
Los pescadores también observan cambios en el comportamiento de los peces. Algunas especies buscan aguas más frescas y abandonan temporalmente la laguna, lo que repercute directamente en las capturas y en la actividad tradicional de El Palmar.

El calor también preocupa al sector arrocero. En pleno desarrollo del cultivo, las elevadas temperaturas combinadas con altos niveles de humedad crean un escenario propicio para la aparición de la pyricularia, un hongo que el pasado año provocó importantes pérdidas en variedades tradicionales y redujo considerablemente la producción en numerosos campos.
Un verano bajo vigilancia constante
La Albufera es uno de los ecosistemas más sensibles de la Comunitat Valenciana. Su escasa profundidad hace que el agua se caliente con rapidez durante las olas de calor, aumentando el riesgo de desequilibrios ambientales que afectan a la fauna, la flora y las actividades económicas vinculadas al parque natural.
Por ese motivo, los técnicos realizan un seguimiento continuo para detectar cualquier cambio que obligue a intervenir. El objetivo es evitar que se repita un escenario como el del verano pasado, cuando fue necesario renovar el agua de la laguna mediante la apertura de compuertas para reducir varios grados su temperatura.
Con otra ola de calor a las puertas de Valencia, todas las miradas vuelven a dirigirse hacia la Albufera. La evolución de los próximos días será determinante para comprobar si el lago consigue resistir un nuevo episodio extremo o si el calor vuelve a poner contra las cuerdas a uno de los espacios naturales más emblemáticos de la Comunitat Valenciana.














