La salud mental también se aprende: los 3 errores que los padres deben evitar con sus hijos

La salud mental también se educa desde la infancia. Los niños no nacen sabiendo identificar lo que sienten, gestionar una frustración o enfrentarse a una situación que les genera miedo. Aprenden a hacerlo a medida que crecen y, en ese proceso, el papel de los adultos resulta fundamental.

Así lo explica Lorena Rodríguez, neuropsicóloga pediátrica y asesora del Colegio de Psicología de la Comunitat Valenciana, en declaraciones a 7teleValencia con motivo del Día Mundial de la Salud Mental.

La especialista señala tres errores que aparecen de manera habitual en las consultas y que pueden dificultar el desarrollo emocional de los menores: psicologizar cualquier emoción, retrasar la búsqueda de ayuda profesional y sobreproteger a los niños para evitarles cualquier malestar.

1. Convertir cualquier emoción en un problema de salud mental

El primer error es psicologizarlo todo. Estar triste, enfadado, tener miedo o sentirse frustrado forma parte del desarrollo emocional y no significa necesariamente que exista un problema psicológico. «Tener emociones es algo normal y no podemos hacer que en un momento un niño se sienta triste y convertirlo en un problema«, explica Rodríguez.

La especialista considera necesario enseñar a los menores a reconocer y expresar aquello que sienten, pero sin patologizar automáticamente las emociones normales de la infancia. En este aprendizaje, los adultos desempeñan un papel esencial. «Los adultos somos un modelo emocional», señala Rodríguez, que considera necesario acompañar al niño cuando experimenta una emoción intensa y enseñarle progresivamente a calmarse y gestionarla.

2. Esperar demasiado para pedir ayuda

El segundo error está relacionado con el estigma que todavía existe alrededor de la salud mental infantil. Según la neuropsicóloga, algunas familias tardan demasiado en acudir a un profesional cuando detectan que algo no funciona correctamente. «En ocasiones, por el estigma en la salud mental en la infancia, pasa mucho en pedir ayuda profesional», apunta.

Pedir ayuda no significa que el niño tenga necesariamente un trastorno. Precisamente, la intervención de un especialista puede servir para valorar qué está ocurriendo y proporcionar herramientas a la familia y al menor. Esta idea adquiere especial importancia en un contexto en el que los especialistas están detectando una mayor presencia de problemas de salud mental entre los menores.

3. Sobreproteger para evitarles cualquier sufrimiento

El tercer error señalado por Rodríguez está directamente relacionado con la ansiedad infantil: la sobreprotección. La especialista describe un modelo de crianza en el que los padres intentan evitar que sus hijos se frustren, se preocupen o experimenten cualquier tipo de malestar emocional. Sin embargo, tratar de eliminar constantemente esas situaciones puede impedir que el menor desarrolle recursos para enfrentarse a ellas.

«Es una condena para mantener la ansiedad porque el niño no aprende a enfrentar sus miedos», advierte Rodríguez. La alternativa, según la especialista, pasa por acompañar sin resolverlo todo por ellos. Los niños deben aprender progresivamente a afrontar situaciones, resolver problemas y desarrollar estrategias propias.

Claves para ayudar en la salud mental infantil: enseñar a gestionar las emociones 

Rodríguez resume este aprendizaje en varias herramientas: ayudar a los niños a identificar y expresar sus emociones, enseñarles técnicas para calmarse, como la respiración o la relajación, proporcionarles recursos para afrontar problemas y ayudarles a identificar pensamientos que generan malestar.

El objetivo no es conseguir que los niños nunca sufran, sino que dispongan de recursos para atravesar las dificultades. En palabras de la especialista, si los adultos aplican estas estrategias como modelo, será más probable que los menores aprendan a regular correctamente sus emociones y disminuya la posibilidad de que aparezcan problemas de salud mental.

La educación emocional, por tanto, no consiste en evitar que los niños estén tristes, tengan miedo o se frustren. Consiste en acompañar esas emociones, enseñarles a comprenderlas y proporcionarles herramientas para afrontarlas.