València tiene imágenes que no se miran solo con los ojos. Se miran con memoria. Se miran con todo lo que una ciudad ha puesto delante de ellas durante siglos. Promesas, lágrimas, flores, fiestas, silencios y generaciones enteras han pasado ante la Virgen de los Desamparados, una de las devociones más profundas de la ciudad.
Este año, la imagen primitiva e histórica de la patrona, custodiada en el camarín de la Real Basílica, alcanza una fecha muy especial. Ya cuenta con seis siglos de su tallado, lo que permite volver al origen de una figura que forma parte de la historia sentimental de València y que el pueblo conoce, desde hace generaciones, con un nombre cercano y único: la Geperudeta.
La autoría de la talla sigue sin estar cerrada.
Los expertos la han vinculado a un escultor de estilo gótico con influencias de la escuela borgoñona. Pudo ser un artista local o un creador llegado a València durante el esplendor económico y cultural del siglo XV. Sin embargo, la falta de documentación dejó espacio a una leyenda que se hizo muy popular con el paso del tiempo. Según esa tradición piadosa, la imagen habría sido realizada por ángeles.
A diferencia de otras vírgenes yacentes del Mediterráneo, la Virgen de los Desamparados presenta los ojos abiertos. Su cabeza aparece inclinada hacia delante por el apoyo original sobre un almohadón, lo que terminó dando a la imagen una apariencia muy reconocible. Esa postura, tan distinta y tan familiar para los valencianos, está detrás de la forma cariñosa con la que el pueblo comenzó a llamarla la Geperudeta.
Con el tiempo, la imagen cambió. Sus brazos, en origen más relajados, fueron modificados después de que la Iglesia prohibiera colocar imágenes de vírgenes o santos sobre féretros. También su rostro sufrió intervenciones. La cara original respondía a una figura joven de estética gótica, mientras que la actual muestra rasgos más adultos tras varias restauraciones. Aun así, las autoridades eclesiásticas rechazaron cambiarla por completo, ya que el pueblo estaba profundamente unido a la imagen conocida.
La historia de la Virgen también atravesó momentos de enorme dificultad. Durante la Guerra Civil, la Basílica fue asaltada en julio de 1936 y la imagen sufrió daños importantes. Para protegerla, fue trasladada al Archivo Histórico Municipal y escondida detrás de un muro. Al acabar la guerra, se recuperó y fue restaurada por los escultores Carmelo Vicent Suria y Vicente Balaguer Alhambra, que lograron devolverle su presencia devocional.
Este fin de semana
Hoy, la Virgen de los Desamparados sigue ocupando un lugar central en la vida festiva y emocional de València. Su festividad, que este año se celebra el domingo 10 de mayo, vuelve a reunir actos religiosos, tradición popular y una devoción que se transmite de padres a hijos. Pero esa relación con la patrona no solo se vive en la Basílica o en la plaza. También ha llegado a los hornos.
En los últimos años, los obradores valencianos han recuperado un dulce muy ligado a esta celebración: Les Geperudetes. Se trata de unas tortas redondas, de textura esponjosa, elaboradas con calabaza y almendra, dos ingredientes muy presentes en la repostería valenciana. En el centro llevan la silueta de la Virgen dibujada con azúcar glas, un detalle sencillo y muy reconocible que convierte cada pieza en un pequeño homenaje comestible.

La campaña está impulsada por el Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia. Con la colaboración del Ayuntamiento de València, y este año alcanza su sexta edición. Su objetivo no es solo endulzar los días previos a la fiesta, sino también reforzar el papel de la panadería y la pastelería artesanal valenciana. Detrás de cada Geperudeta hay oficio, producto local y una manera de entender las tradiciones desde los hornos de barrio.
Un empaque exclusivo
Además, esta edición incorpora un packaging exclusivo diseñado para la campaña. Este detalle refuerza la identidad del dulce y lo convierte en una propuesta especial para llevar a casa, compartir en familia o regalar durante los días grandes de la patrona. Así, la devoción se une a la gastronomía y la tradición se convierte en algo que también se puede saborear.
La historia de la Geperudeta empezó hace seis siglos con una imagen pensada para acompañar a quienes más lo necesitaban. Hoy sigue viva en la Basílica, en la memoria de València, en las calles durante su fiesta y también en los mostradores de los hornos. Porque en esta ciudad hay tradiciones que se veneran, se cuentan y, algunas veces, también se comen.















