La nueva estación de autobuses de Valencia busca ubicación: estas son cuatro opciones posibles
Diseño generado por inteligencia artificial de la futura estación de autobuses de Valencia junto a Joaquín Sorolla.

El debate sobre el futuro de la estación de autobuses de Valencia ha vuelto con fuerza a la agenda política. Ayuntamiento y Generalitat coinciden ahora en una idea clave: sacar la infraestructura del centro urbano, evitar que los autobuses de largo recorrido atraviesen la ciudad y crear una estación intermodal bien conectada con trenes de Renfe y Metrovalencia.

La actual estación, ubicada en la avenida Menéndez Pidal y construida a finales de los años sesenta, ocupa casi 23.000 metros cuadrados y arrastra desde hace años problemas de envejecimiento, falta de funcionalidad y un impacto notable sobre el tráfico de entrada y salida a la ciudad. Frente a ello, el objetivo institucional pasa por reubicarla en un enclave estratégico, aunque encontrar un espacio que reúna superficie, accesibilidad y conexiones no es una tarea sencilla.

La apuesta por estaciones intermodales no es nueva. En España, varias ciudades han optado por integrar autobuses y trenes en un mismo nodo o en espacios contiguos para facilitar los transbordos y reducir desplazamientos innecesarios en coche.

En Zaragoza, la estación de Delicias reúne alta velocidad, media distancia, Cercanías y autobuses en un solo complejo, convirtiéndose en la principal puerta de entrada a la ciudad. Málaga ha desarrollado un gran nodo de transporte junto a María Zambrano, donde conviven Renfe, metro y estación de autobuses, mientras que Ourense ha apostado por una solución integrada que conecta la estación de buses con la ferroviaria, favoreciendo la movilidad sostenible.

Estos ejemplos son los que miran ahora tanto el Ayuntamiento de Valencia como la Generalitat, con la idea de replicar un modelo que mejore la experiencia del viajero y descongestione el tráfico urbano.

Un giro respecto al plan del Botànic

El debate actual supone también un cambio de rumbo respecto a la etapa del Consell del Botànic. El anterior gobierno autonómico, presidido por Ximo Puig, apostó por reformar la estación actual, modernizar cubiertas y marquesinas y mejorar su imagen.

Además, los planes de movilidad de aquella etapa contemplaban a medio-largo plazo acercar la estación al entorno del Parc Central, vinculándola a Joaquín Sorolla y a la Estación del Nord para crear un gran nodo intermodal céntrico. Ese enfoque choca ahora con la visión del actual ejecutivo, que prioriza alejar el tráfico pesado del centro.

Primera opción: Joaquín Sorolla, la gran apuesta intermodal

La alternativa que mejor cumpliría con el requisito de la intermodalidad sería situar la estación en el entorno de Joaquín Sorolla y Parc Central. Este enclave ya concentra la alta velocidad ferroviaria y está llamado a reforzar su papel con la futura reordenación del corredor ferroviario.

Anuncian un concurso internacional para diseñar la nueva Estación Central de Valencia
Diseño del interior de la Estación Central de Valencia realizado por el arquitecto César Portela.

Ubicar allí la estación permitiría crear una intermodalidad completa: autobuses interurbanos y de largo recorrido conectados con AVE, Cercanías, media distancia y, mediante pasarelas y lanzaderas, con la Estación del Nord y el metro.

El principal inconveniente es que esta opción obligaría a replantear proyectos ya en marcha, además de gestionar un espacio urbano muy tensionado, donde el suelo es escaso y altamente demandado. Aun así, es la alternativa que más se ajusta al concepto de ‘estación de ciudad’.

Segunda opción: Empalme, una idea sobre la mesa con muchas incógnitas

La estación de Empalme, en el límite entre Valencia y Burjassot, ha sido una de las primeras opciones mencionadas públicamente por la alcaldesa María José Catalá. La zona cuenta con conexión directa con Metrovalencia y permitiría que los viajeros llegaran al centro sin necesidad de coche.

Área de construcción del nuevo complejo de viviendas de lujo junto a la estación de Empalme.

Sin embargo, el entorno presenta importantes obstáculos. Los solares disponibles son escasos, muchos son privados, otros están destinándose a la construcción de viviendas y solo uno supera los 30.000 metros cuadrados necesarios. Además, la zona ya soporta un tráfico elevado y alberga otras infraestructuras, lo que genera dudas sobre su capacidad para absorber una gran dársena de autobuses.

Tercera opción: Valencia–Sant Isidre, un intercambiador metropolitano

Otra ubicación posible, aunque no oficial, pasaría por Sant Isidre, donde ya confluyen Cercanías, metro y líneas de autobús. Su carácter más periférico permitiría reducir la entrada de autobuses al casco urbano y facilitar un intercambiador de escala metropolitana.

Aquí es más viable encontrar parcelas de gran tamaño, incluso superiores a los 23.000 metros cuadrados actuales, y diseñar una estación con capacidad de crecimiento futuro. El reto principal sería garantizar una percepción de accesibilidad cómoda para el viajero y una integración tarifaria eficaz.

Cuarta opción: Font de Sant Lluís, espacio y conexión viaria

Font de Sant Lluís aparece como una alternativa más técnica. Se trata de una zona tradicionalmente ligada a infraestructuras ferroviarias y con mejor conexión directa a rondas y autovías, lo que facilitaría la operativa de los autobuses.

Red ferroviaria de Font de Sant Lluís.

Su mayor ventaja es la disponibilidad de suelo y la menor presión residencial, aunque requeriría mejorar la conexión directa con Renfe para cumplir plenamente los criterios de intermodalidad que exige la Generalitat.

Un proyecto condicionado por la concesión hasta 2038

Más allá de la ubicación, existe un factor clave que condiciona cualquier decisión: la concesión de la estación, actualmente en manos de la empresa privada Alsa hasta el año 2038. Cualquier traslado obligará a estudiar compensaciones económicas y encajes jurídicos complejos.

Por ello, tanto el Ayuntamiento como la Generalitat insisten en que no se trata de un proyecto inmediato, sino de una decisión estratégica a largo plazo que marcará el futuro de la movilidad en Valencia durante las próximas décadas.

El traslado de la estación de autobuses no es solo una cuestión de transporte. Supone también repensar el uso del actual solar de Menéndez Pidal, que podría convertirse en dotaciones para el barrio, zonas verdes o equipamientos públicos. Mientras tanto, la ciudad sigue utilizando una infraestructura obsoleta, a la espera de una solución definitiva que combine intermodalidad, accesibilidad y sostenibilidad, siguiendo el camino que ya han recorrido otras grandes ciudades españolas.