
Apenas dos días después del crimen que ha conmocionado al barrio valenciano de Marxalenes, la investigación policial continúa centrada en esclarecer qué ocurrió realmente en el interior de la clínica de logopedia donde David G. S., un joven de 24 años, acabó presuntamente con la vida de Vicent D. C., el terapeuta que atendía a su hijo.
Mientras los agentes del Grupo de Homicidios avanzan en la recopilación de pruebas, vecinos, familiares de pacientes y usuarios del centro han comenzado a expresar públicamente su apoyo a la víctima, un profesional de 32 años muy conocido en la zona y que, según quienes lo trataron durante años, jamás mostró comportamientos que hicieran sospechar de una conducta inapropiada con menores.
La causa gira ahora en torno a una cuestión fundamental: determinar si existe algún elemento objetivo que respalde la versión ofrecida por el autor confeso o si, por el contrario, las sospechas que desencadenaron el ataque carecen de fundamento.
La investigación busca confirmar o desmontar la versión del detenido
Según las pesquisas en marcha, los investigadores están analizando diferentes pruebas para reconstruir con precisión lo sucedido durante la tarde del lunes. Entre las actuaciones realizadas figura el examen de los dispositivos electrónicos vinculados a la víctima, susceptibles de contener información relevante para la investigación. Los especialistas buscan cualquier indicio que permita verificar o descartar las sospechas planteadas por el detenido.
Los agentes también han llevado a cabo inspecciones tanto en la clínica donde ocurrieron los hechos como en otros espacios relacionados con la víctima. El objetivo es localizar pruebas que permitan esclarecer el móvil del crimen. Por el momento, no ha trascendido la existencia de hallazgos concluyentes.
La relevancia de esta línea de investigación es especialmente importante desde el punto de vista judicial. Si llegara a acreditarse que el agresor actuó convencido de que estaba protegiendo a su hijo ante una situación real, ese contexto podría ser valorado posteriormente por los tribunales como atenuante. Sin embargo, cualquier conclusión resulta prematura mientras la investigación permanece abierta.
Las familias respaldan al profesional y niegan comportamientos sospechosos
Paralelamente, numerosas familias vinculadas a la clínica han mostrado públicamente su incredulidad ante las acusaciones. Algunas de ellas aseguran que sus hijos llevaban años siendo atendidos por el logopeda y que nunca detectaron comportamientos que pudieran generar sospechas.
Varias madres han explicado públicamente que el profesional había tratado a menores con diferentes necesidades durante largos periodos de tiempo, destacando los avances conseguidos gracias a su trabajo. «Era el logopeda de mi hijo desde hace siete años. Era una persona excepcional, siempre dispuesto a ayudar», comenta una vecina de Marxalenes. La misma mujer asegura que el trato recibido por su hijo siempre ha sido «excelente» y rechaza de forma rotunda la hipótesis de los supuestos abusos. «No, no me lo creo», recalca añadiendo que nunca ha tenido problemas con el logopeda asesinado.
Otro vecino comentaba que su nieta acudía regularmente a la consulta y reconocía la sorpresa generada por el caso: «Mi nieta viene los jueves, tiene 4 años y medio». Los testimonios coinciden en una idea común: la imagen que tenían del profesional resulta incompatible con las acusaciones que ahora investiga la Policía.
Un barrio conmocionado por un caso lleno de incógnitas
La muerte violenta del logopeda ha provocado una profunda conmoción en Marxalenes, donde la víctima era una persona conocida por numerosas familias del barrio. La investigación continúa intentando determinar con exactitud qué ocurrió dentro de la consulta durante los minutos previos al crimen. Los agentes trabajan sobre distintas hipótesis y analizan todas las evidencias disponibles antes de remitir el atestado completo al juzgado encargado del caso.
Mientras tanto, el autor confeso permanece a la espera de su puesta a disposición judicial, prevista para este jueves. La clave de la investigación pasa ahora por responder a una pregunta esencial: si existió algún indicio real que sustentara las sospechas del detenido o si, por el contrario, la víctima fue atacada a raíz de una interpretación errónea de los hechos.














