Lo que hoy es uno de los grandes referentes del patrimonio paleontológico de la Comunitat Valenciana comenzó gracias a una circunstancia tan sorprendente como cotidiana: decenas de vecinos de Alpuente conservaban fósiles en sus casas sin ser conscientes de su valor científico.
Caracolas fosilizadas, restos marinos y otras piezas recogidas durante años en campos y caminos formaban parte del paisaje habitual de muchas viviendas del municipio. Algunas decoraban estanterías, otras permanecían guardadas en almacenes o corrales. Nadie imaginaba entonces que aquellas piedras aparentemente corrientes acabarían contribuyendo a construir la colección del actual Museo Paleontológico de Alpuente.
La historia se remonta a los inicios del proyecto paleontológico impulsado en la localidad de Los Serranos. Mientras los especialistas comenzaban a excavar y estudiar los primeros hallazgos de dinosaurios de la zona, los vecinos se acercaban con curiosidad para preguntar qué estaba ocurriendo.
Fue entonces cuando comenzó una relación que acabaría siendo fundamental para el crecimiento del museo.
Las «caracolas más grandes» que escondían un tesoro científico
La historia del crecimiento del Museo Paleontológico de Alpuente no puede entenderse sin la participación de los propios vecinos. Así lo explicó Maite Suñer Fuster, directora del museo, durante una entrevista en Fent Poble de 7teleValencia. En ella repasó los orígenes de un proyecto que hoy es un referente en la divulgación y conservación del patrimonio paleontológico valenciano.
Según relató, cuando los primeros paleontólogos comenzaron a trabajar en la localidad y a mostrar algunos de los fósiles encontrados en la zona, numerosos vecinos se acercaban para interesarse por aquellas investigaciones.
«Les enseñábamos algunas piezas y muchos respondían lo mismo: ‘Pues yo tengo una caracola más grande en casa‘», recordó.

Aquella aparente anécdota terminó convirtiéndose en una inesperada fuente de patrimonio científico. Poco a poco, los habitantes de Alpuente comenzaron a llevar al museo fósiles que habían conservado durante años sin conocer realmente su importancia.
«Muchas veces pensaban que era simplemente una piedra curiosa, pero al explicarle a la gente que aquellas marcas correspondían al paso de un animal o a organismos que vivieron hace millones de años, empezaban a entender el valor que tenían», señaló Suñer.
De los campos de cultivo a las vitrinas del museo
La directora explica que buena parte de los fósiles que actualmente forman parte de la colección permanente llegaron gracias a esa colaboración vecinal.
«Si miramos las cartelas del museo, muchas indican que se trata de donaciones realizadas por vecinos«, destacó.
Con el paso de los años, la población también aprendió a colaborar de otra manera. Los agricultores y propietarios de terrenos comenzaron a avisar cuando encontraban restos durante las labores de cultivo o tras movimientos de tierra.
«Al principio la gente nos traía directamente las piezas. Después les enseñamos que era mejor no tocarlas y avisarnos para poder estudiarlas en su contexto original, porque cuando un fósil se extrae se pierde información muy valiosa para la investigación», explicó.

Para Suñer, la implicación ciudadana ha sido determinante para el éxito del proyecto.
«Yo siempre digo que el museo es lo que es gracias a los vecinos. Nos informan cuando encuentran algo y muchos de los ejemplares que hoy se exponen proceden de esas donaciones», afirmó.
Para la directora del museo, uno de los mayores logros ha sido conseguir que la población identifique el patrimonio paleontológico como algo propio. «Con el tiempo la gente veía su nombre junto a la pieza expuesta y eso les hacía mucha ilusión. Se dieron cuenta de que estaban ayudando a conservar una parte importante de la historia de Alpuente», señala Suñer.
El dinosaurio que lo cambió todo
Aunque Alpuente es conocido internacionalmente por sus huellas de dinosaurio y por algunos de los hallazgos más relevantes realizados en la Comunitat Valenciana, los responsables del museo recuerdan que el impulso inicial llegó gracias al descubrimiento de un gran dinosaurio saurópodo, uno de aquellos gigantes herbívoros de cuello y cola largos considerados los mayores animales terrestres que han existido.
Los restos de aquel ejemplar se convirtieron en el punto de partida de un proyecto que no ha dejado de crecer.
A partir de ahí llegaron nuevas excavaciones, más descubrimientos, la protección de yacimientos con huellas fósiles, la creación de un laboratorio visitable y la puesta en marcha de actividades educativas y científicas que cada año atraen a estudiantes, investigadores y visitantes.

Un patrimonio construido entre todos
Si algo define la historia del Museo Paleontológico de Alpuente es que no se trata únicamente de una colección científica. También es el resultado de la implicación de un pueblo que aprendió a reconocer el valor de los fósiles que tenía a su alrededor.
Lo que comenzó con vecinos que guardaban piezas en casa por simple curiosidad terminó convirtiéndose en una red de colaboración que ha permitido conservar y divulgar parte de la historia de la Tierra.
Hoy, muchas de aquellas piedras que parecían insignificantes ayudan a explicar cómo era este territorio hace millones de años y forman parte de un museo que ha logrado convertir el patrimonio local en una referencia para la investigación y el turismo científico.
Porque en Alpuente, antes de que existiera un museo, los fósiles ya estaban allí. Lo que faltaba era descubrir que también formaban parte de la historia del pueblo.





