Vista del castillo de Montesa. Biblioteca Nicolau Primitivo

Tal día como hoy, 23 de marzo, se recuerda el terremoto que en 1748 sacudió con extrema violencia la localidad valenciana de Montesa, en la comarca de La Costera. A las 6:15 de la madrugada, tras varios días de intensas lluvias, un fuerte seísmo sorprendió a la población, provocando el colapso casi inmediato de edificios, entre ellos el castillo-convento de la Orden de Montesa.

Los testimonios de la época describen escenas de pánico y destrucción: bóvedas que se desploman, muros que se agrietan y una nube de polvo cubriendo el entorno. Apenas dos horas después, una nueva sacudida terminó de agravar los daños.

Durante los días siguientes continuaron las réplicas, manteniendo el miedo entre los habitantes. Finalmente, el 2 de abril, un segundo terremoto de gran intensidad destruyó prácticamente todo lo que aún quedaba en pie.

El impacto se extendió por numerosas localidades cercanas como Enguera, Vallada, Canals y Sellent, donde se registraron derrumbes de viviendas, iglesias y campanarios, así como grandes grietas en el terreno y desprendimientos de rocas.

En Montesa, el balance fue especialmente dramático: el castillo quedó arrasado y murieron al menos 18 personas, entre frailes y caballeros. Tras la tragedia, los supervivientes de la Orden se trasladaron a Valencia, donde permanecieron hasta la construcción de un nuevo convento impulsado por la monarquía.

Posible vista del castillo antes de los terremoto. Lienzo conservado en la iglesia de Montesa.
Posible vista del castillo antes de los terremotos. Lienzo conservado en la iglesia de Montesa.

Más de dos siglos después, las ruinas del castillo de Montesa siguen recordando la magnitud de uno de los terremotos más destructivos documentados en la Comunidad Valenciana.

¿Se podría volver a vivir un terremoto de estas características?

Aunque la Comunidad Valenciana no es una de las zonas sísmicas más activas de España, sí presenta cierta actividad tectónica debido a la interacción de placas en el Mediterráneo occidental.

Los expertos señalan que terremotos como el de Montesa son poco frecuentes, pero no imposibles. De hecho, el sureste peninsular, especialmente regiones como Murcia o Alicante, concentra la mayor peligrosidad sísmica del país.

En el caso de La Costera, la probabilidad de un terremoto de gran magnitud es baja, pero existe la posibilidad de movimientos moderados. Por ello, los avances en normativa de construcción y sistemas de vigilancia sísmica son clave para minimizar riesgos en caso de que se produzca un nuevo temblor.