Nueva York tiene una iglesia dedica a San Vicente Ferrer que será reconocida oficialmente como Santuario Nacional en mayo. A miles de kilómetros de Valencia, en pleno corazón de Manhattan, la figura de san Vicente Ferrer encuentra un lugar donde permanecer viva. La parroquia de St. Vincent Ferrer Church, encomendada a los dominicos desde el siglo XIX. El templo se consolida como uno de los principales focos de devoción al santo fuera de Europa.
La presencia dominica en este enclave neoyorquino se remonta a 1867. Aquel primer templo provisional da paso en 1870 a una iglesia permanente, diseñada por el arquitecto Patrick Keely. En 1918 se dedica el actual edificio, obra del arquitecto Bertram Grosvenor Goodhue. La iglesia se convierte en un referente de la arquitectura neogótica en Estados Unidos. Tiene influencias del gótico francés, un conjunto completo de vidrieras diseñadas por Charles Connick. Destacan esculturas del artista Lee Lawrie y dos órganos construidos por la Schantz Organ Company.
Elementos más significativos
Pero más allá de su valor artístico, el templo custodia un vínculo directo con el santo valenciano. Entre sus elementos más significativos destaca una reliquia de primer grado del santo conservada en el relicario principal. A ello se suman representaciones devocionales, como el mural que preside el altar mayor o la reproducción de la campana asociada a sus milagros.
La vida litúrgica de la parroquia mantiene también viva esta memoria. La Orden Dominicana celebra la solemnidad de san Vicente Ferrer el 5 de mayo. Trasladada desde su fecha tradicional para no coincidir con la Semana Santa o la Pascua. La iglesia se prepara para ser reconocida oficialmente como Santuario Nacional de San Vicente Ferrer el próximo mes de mayo. Un reconocimiento que la sitúa como referencia en Estados Unidos y para la promoción de la figura del santo valenciano. En medio del bullicio de Nueva York, la huella del ‘Pare Vicent’ permanece, generando un espacio de encuentro.












