Nueva York tiene una iglesia dedica a San Vicente Ferrer que será reconocida oficialmente como Santuario Nacional en mayo. A miles de kilómetros de Valencia, en pleno corazón de Manhattan, la figura de san Vicente Ferrer encuentra un lugar donde permanecer viva. La parroquia de St. Vincent Ferrer Church, encomendada a los dominicos desde el siglo XIX, se consolida como uno de los principales focos de devoción al santo fuera de Europa.
La presencia dominica en este enclave neoyorquino se remonta a 1867, cuando los frailes asumen la atención pastoral de una comunidad en crecimiento. Aquel primer templo provisional da paso en 1870 a una iglesia permanente, diseñada por el arquitecto Patrick Keely, que permanece en uso hasta 1914. En 1918 se dedica el actual edificio, obra del arquitecto Bertram Grosvenor Goodhue. Considerada por su autor como su mejor creación, la iglesia se convierte en un referente de la arquitectura neogótica en Estados Unidos, con influencias del gótico francés, un conjunto completo de vidrieras diseñadas por Charles Connick, esculturas del artista Lee Lawrie y dos órganos construidos por la Schantz Organ Company.
Pero más allá de su valor artístico, el templo custodia un vínculo directo con el santo valenciano. Entre sus elementos más significativos destaca una reliquia de primer grado del santo conservada en el relicario principal. A ello se suman representaciones devocionales, como el mural que preside el altar mayor o la reproducción de la campana asociada a sus milagros, evocando la fuerza de su predicación.
La vida litúrgica de la parroquia mantiene también viva esta memoria. La Orden Dominicana celebra la solemnidad de san Vicente Ferrer el 5 de mayo —trasladada desde su fecha tradicional para no coincidir con la Semana Santa o la Pascua—, a la que se añade la conmemoración de la dedicación del templo al día siguiente.
Este impulso encuentra además un hito significativo en el presente: la iglesia se prepara para ser reconocida oficialmente como Santuario Nacional de San Vicente Ferrer el próximo mes de mayo. Un reconocimiento que no solo consolida su papel como centro de devoción, sino que la sitúa como referencia en Estados Unidos para la promoción de la figura del santo valenciano, a través de la predicación, los sacramentos y la peregrinación, en continuidad con la tradición dominica. En medio del bullicio de Nueva York, la huella del ‘Pare Vicent’ permanece, generando un espacio vivo de fe, memoria y encuentro.













