La presencia de la fallera mayor de València y su corte de honor en la Dansà de la Virgen de los Desamparados no nació como un gesto festivo, sino como una respuesta a un conflicto cultural en los años 80.
Aunque hoy es una de las imágenes más representativas de las celebraciones en honor a la patrona, lo cierto es que el origen de esta participación está lejos de lo que muchos creen.
Un contexto inesperado: el auge de las sevillanas en València
Para entender el porqué, hay que retroceder a finales de los años 80. En aquel momento, estaba en pleno auge la moda de las sevillanas en la ciudad. Las falleras mayores y sus cortes de honor participaban en eventos inspirados en la Feria de Abril, llegando incluso a bailar vestidas con indumentaria andaluza.
Esta situación comenzó a generar malestar dentro del mundo fallero, ya que las máximas representantes de la fiesta estaban ganando protagonismo en un baile ajeno a la tradición valenciana, mientras las danzas tradicionales seguían teniendo una visibilidad mucho menor.
El punto de inflexión llegó cuando dentro del colectivo fallero se planteó una cuestión clave: si las falleras mayores bailaban sevillanas, ¿por qué no participaban en la Dansà con bailes tradicionales valencianos? Esta reflexión, la pregunta que lo cambió todo, puso sobre la mesa la necesidad de reforzar la identidad cultural propia de la fiesta.
La decisión: incorporar a las falleras a la Dansà
En 1989 se tomó la decisión definitiva. Desde la Junta Central Fallera se impulsó que la fallera mayor y su corte de honor aprendieran danzas valencianas para integrarse en la Dansà de la Virgen.

Las primeras participantes lo hicieron prácticamente desde cero, con ensayos discretos y sin la repercusión mediática actual. Aun así, aquel paso marcó un antes y un después y lo que comenzó como una solución para reconducir una situación considerada incoherente acabó consolidándose como una tradición.
Con el paso de los años, la participación de la fallera mayor en la Dansà ha ido ganando protagonismo y simbolismo, convirtiéndose en una forma de representar el compromiso de las máximas figuras de la fiesta con el folclore valenciano.
Una tradición en constante evolución
Hoy, la Dansà es un acto multitudinario que ha crecido tanto en participación como en relevancia. La implicación de las falleras mayores ha contribuido, en parte, a esa evolución, aunque su origen responde más a una necesidad de reafirmar la tradición que a una intención de engrandecer el espectáculo.
Paradójicamente, aquello que nació como una medida casi improvisada para evitar críticas es hoy uno de los momentos más esperados y reconocibles de las celebraciones en honor a la Virgen de los Desamparados.










