Las olas de calor del futuro podrían alcanzar los 50 grados en España
Varios turistas acarrean sus maletas por València, pasando ante un termómetro que marca 40 grados. / MANUEL BRUQUE (EFE)

Las olas de calor han dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en una de las principales amenazas climáticas de cada verano. Lo que hace apenas unas décadas se consideraba un episodio puntual se está transformando en una nueva realidad marcada por temperaturas cada vez más extremas, noches sofocantes y un impacto creciente sobre la salud y la vida cotidiana.

Las proyecciones de los expertos apuntan incluso a un escenario que hasta hace pocos años parecía impensable: que España pueda acercarse a los 50 grados centígrados en algunos puntos del país durante las próximas décadas. Así lo sostiene Javier Martín Vide, catedrático de Geografía Física de la Universitat de Barcelona, en un análisis publicado en The Conversation, donde advierte de que el calentamiento global ya está modificando de forma evidente el comportamiento de las olas de calor.

El especialista recuerda que estos episodios siempre han existido en el clima mediterráneo, pero destaca que la diferencia actual reside en su frecuencia, intensidad y duración. Los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) muestran que durante la última década las olas de calor prácticamente han duplicado su aparición respecto a las décadas anteriores, una tendencia que los científicos consideran coherente con el avance del cambio climático.

El calor extremo llegará antes y durará más tiempo

Uno de los cambios más evidentes es el adelanto del verano climatológico. Las primeras olas de calor ya no esperan a mediados de julio, sino que pueden aparecer incluso antes del solsticio de junio, mientras que las altas temperaturas se prolongan cada vez más hacia septiembre e incluso octubre.

Este fenómeno tiene consecuencias directas sobre numerosos ámbitos. La agricultura afronta procesos de maduración más rápidos y un mayor estrés hídrico, mientras que la población debe convivir durante más semanas con temperaturas muy superiores a las habituales.

Según explica Martín Vide, el incremento no solo afecta al número de olas de calor, sino también a su intensidad. España ya ha registrado temperaturas próximas a los 48 grados, como ocurrió en Córdoba durante el verano de 2021, y los modelos climáticos apuntan a que en las próximas décadas podrían alcanzarse valores cercanos a los 50ºC en determinados puntos del territorio.

El fenómeno tampoco se limita al sur de Europa. Ciudades como París, Hamburgo o distintas zonas del sur de Inglaterra ya han superado los 40 grados en los últimos años, algo prácticamente impensable hace apenas unas décadas.

Las noches también serán cada vez más difíciles de soportar

El calor extremo no termina cuando se pone el sol. De hecho, uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es el aumento de las llamadas noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 20 grados.

En muchas ciudades mediterráneas este fenómeno ya forma parte del verano habitual, pero los expertos alertan además de la aparición cada vez más frecuente de las denominadas noches tórridas, cuando el termómetro no desciende de los 25 grados ni siquiera en el momento más fresco de la madrugada.

Estas condiciones dificultan el descanso y elevan considerablemente el riesgo para la salud, especialmente entre las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas o quienes no disponen de sistemas adecuados de refrigeración en sus viviendas.

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Dos personas se refrescan en una fuente de Valencia ante las altas temperaturas.

El autor recuerda que durante las olas de calor aumentan tanto los ingresos hospitalarios como la mortalidad asociada a las altas temperaturas, una situación especialmente preocupante en los casos de pobreza energética, cuando muchas familias no pueden permitirse utilizar aire acondicionado pese a disponer de él.

Adaptar las ciudades será uno de los grandes retos

Frente a este escenario, los especialistas consideran que la adaptación será tan importante como la reducción de emisiones. La creación de refugios climáticos, el aumento de las zonas verdes urbanas, la plantación de arbolado, la utilización de materiales más reflectantes en edificios o el sombreado de calles aparecen entre las medidas que podrían ayudar a reducir el impacto del calor extremo.

Martín Vide también defiende que hospitales, centros educativos y otros edificios públicos deberán prepararse para convivir con veranos mucho más exigentes desde el punto de vista climático. Además, recuerda que la transformación del calendario térmico ya está afectando al desarrollo normal de actividades como el curso escolar o determinadas labores agrícolas.

Los modelos climáticos manejados por la comunidad científica mantienen un elevado grado de confianza en que el calentamiento continuará durante las próximas décadas. Todo apunta, por tanto, a que las olas de calor dejarán de ser episodios aislados para convertirse en un elemento habitual de los veranos del futuro, con temperaturas que podrían acercarse a los 50 grados y noches en las que dormir será cada vez más complicado.