
El Oceanogràfic de Valencia ha puesto en marcha ‘Medusa Lab’, un nuevo laboratorio de reproducción y cultivo de medusas concebido como un espacio abierto al visitante. La instalación, ubicada en la zona de Templados y visible al público, permite observar en directo las primeras fases del ciclo vital de estos invertebrados, al tiempo que centraliza y optimiza los procesos técnicos que garantizan el bienestar y la presencia de estos animales en los acuarios de exhibición.
Además de una infraestructura técnica, ‘Medusa Lab’ es también una ventana al proceso biológico que sustenta una de las colecciones de medusas más relevantes del mundo. En este espacio se llegan a reproducir 65 especies distintas -19 de ellas presentes en exhibición-, una cifra que multiplica por más de tres el número de especies con las que se trabajaba en 2017.
Un ciclo vital que ahora se muestra al público
El laboratorio alberga ejemplares en sus fases más tempranas, conocidos como pólipos y éfiras. El pólipo es una fase asexual que está fijada a un sustrato, y que puede generar múltiples individuos llamados éfiras, que son pequeñas medusas juveniles que, tras sucesivos crecimientos y transformaciones, alcanzan la forma adulta característica. Mostrar estas etapas, habitualmente invisibles para el público, permite comprender la complejidad del ciclo reproductivo de estos organismos.
El espacio cuenta con varios acuarios específicos conocidos en el ámbito técnico como ‘kreisels’. Es decir, recipientes de pequeño volumen, con circulación controlada y renovación constante de agua, que permiten mantener condiciones fisicoquímicas muy estables y manipular con precisión parámetros como la temperatura, la salinidad o el flujo. Estas características son necesarias en las primeras fases, cuyo desarrollo depende de variaciones muy sutiles del entorno.

‘Medusa Lab’ dispone de acuarios que operan a diferentes rangos térmicos, desde los 10 grados centígrados -el sistema más frío- hasta los 25 grados, así como un tanque destinado a especies fotosintéticas, que requieren condiciones concretas de luz y de ambiente. Además, la estabilidad térmica es un factor determinante para regular la reproducción, por lo que la nueva instalación ha sido diseñada para garantizar una temperatura constante y minimizar variaciones.
Uno de los elementos característicos del laboratorio es el uso exclusivo de mobiliario y equipamiento elaborado en plástico, desde las mesas hasta la grifería. La elección de este material responde a criterios biológicos, ya que la presencia de metales puede liberar iones en el agua que resultan tóxicos para las medusas. El uso de plástico técnico reduce así el riesgo de contaminación y asegura un entorno más seguro para el bienestar animal.
Del laboratorio a la exhibición
El visitante puede observar el trabajo a través de ventanales y dispositivos de aumento, como microscopios. De este modo, se visibiliza el trabajo diario del equipo de biólogos y acuaristas especializados en medusas, responsables de supervisar el estado de los cultivos, ajustar parámetros, alimentar a los organismos y planificar los traslados a acuarios auxiliares.
Todas las especies que se muestran al público se reproducen en el centro, una práctica alineada con la estrategia de sostenibilidad del Oceanogràfic y de la Fundación Oceanogràfic, orientada a fomentar poblaciones autosuficientes bajo cuidado humano.
Más especies, más conocimiento y más investigación
La ampliación del número de especies cultivadas ha sido posible, además, gracias a la colaboración con otros acuarios y centros de investigación de España y del resto del mundo (como Francia o Japón, entre otros), así como a acuerdos científicos que facilitan el intercambio de conocimiento y protocolos.
El impulso de ‘Medusa Lab’ tiene también una vertiente investigadora. El Oceanogràfic y su Fundación mantienen convenios con instituciones como la Universidad de Alicante, con la que se desarrollan estudios sobre la influencia de campos magnéticos en medusas. Asimismo, la colaboración con centros como el WPI-AIMEC (Japón) permite abrir nuevas líneas de investigación en el ámbito ecológico, centradas en el impacto del cambio climático sobre las proliferaciones de medusas -conocidas como jellyfish blooms- y en cómo los factores ambientales influyen en sus ciclos de vida y en la dinámica poblacional.












