Imagen de archivo de la Semana Santa Marinera

La Semana Santa Marinera de València es una de las celebraciones más singulares de la ciudad, marcada por su arraigo en los barrios del marítimo y por una identidad propia que la diferencia del resto de semanas santas.

Lejos de centrarse únicamente en las procesiones, esta fiesta se construye desde el tejido de sus hermandades, auténticas protagonistas de una tradición que se mantiene viva generación tras generación.

En total, decenas de cofradías, hermandades y corporaciones dan forma a esta celebración, cada una con su historia, sus símbolos y su manera de vivir la devoción. Muchas de ellas nacieron vinculadas a oficios tradicionales del mar, como pescadores o comerciantes, lo que explica el carácter profundamente popular de la fiesta. Con el paso del tiempo, estas entidades han evolucionado, pero han sabido conservar su esencia.

Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón

Fundada en 1926 por un grupo de pescadores y militares, esta hermandad cumple este año su centenario. Según su hermano mayor, Ramón Jimeno, “100 años después seguimos con las expectativas de mantener un año bueno y contentos por haber llegado hasta este centenario”.

La hermandad comenzó reuniéndose en espacios improvisados, como cafés, antes de contar con sedes sociales propias. Ramón explica cómo ha evolucionado la Semana Santa: “Lo que no cambia es la tradición, pero sí cómo se procesiona y se organiza la cofradía. Antes no había sedes ni planificación anual; ahora, todo se prepara para que la fiesta se luzca”.

Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador del Cabañal

Esta hermandad también nace en 1926, ligada al gremio de carniceros del barrio. Francisco Javier Carles, miembro de la tercera generación de su familia en la hermandad, relata cómo han preparado este centenario: “Recopilamos fotos antiguas y datos históricos que nos permiten meternos en la piel de quienes fundaron la hermandad”.

Su primer acto se realizó en el Café Escalante, en lo que hoy es la calle de la Reina. Francisco Javier destaca la importancia del relevo generacional: “La mayoría de los cofrades jóvenes han mamado la hermandad desde pequeños. También les damos responsabilidades para que se integren y continúen la tradición”.

Real Cofradía de Jesús en la Columna

Salvador Aliaga, de esta cofradía fundada en 1926, recuerda la laboriosa consecución del título “Real” en 2008, concedido por la Casa Real. Explica que su actividad va más allá de las procesiones: “Tenemos un trabajo continuo de solidaridad, visitando a hermanos que necesitan ayuda y realizando obras de caridad durante todo el año”.

Para Salvador, la clave de la hermandad es la unión y la implicación de todos: “Es un trabajo duro, pero gracias a la colaboración y la dedicación de todos se mantiene viva la tradición”.

Según los protagonistas, la fuerza de estas hermandades reside en la participación de familias completas y en la continuidad generacional. La implicación de los jóvenes es fundamental para mantener viva la tradición: “Hay que darles responsabilidades, dejar que se equivoquen y así aprenden y continúan la labor de la hermandad”, explica Francisco Javier.

Gran unión y fuerte futuro

Manolo Camarasa, experto de festividades y celebraciones valencianas, subraya la importancia de la unión entre cofradías: “Aunque pertenecen a parroquias distintas, existe un punto de encuentro que fortalece la Semana Santa Marinera y la hace única”.

Misma línea de pensamiento que sigue Carles Genís, presidente de la Junta Central Mayor de la Semana Santa Marinera. El presidente, que ya había acudido previamente al plató de Valencia en Abierto, intervino de nuevo en el programa, esta vez telemáticamente.

Durante este año de celebración, cada hermandad ha organizado numerosos actos: pregones, galas, presentaciones de carteles, exposiciones fotográficas y estrenos de marchas procesionales. La Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador estrenó una marcha titulada 70 veces 7, interpretada por la banda del Ateneo Musical del Puerto.

Además, las procesiones y actos religiosos siguen siendo el núcleo de la fiesta, destacando la tradicional visita de los Santos Monumentos y la procesión del Domingo de Resurrección, con su explosión de luz, color y participación ciudadana. La participación de las hermandades en la playa y en los recorridos por el barrio refuerza la identidad marítima de la celebración.