Héctor Catalá, uno de los mayores nombres en el panorama del paratritlón internacional que tiene en el punto de mira Los Ángeles 2028

La trayectoria de Héctor Catalá es una de esas historias que trascienden el deporte. Nacido en Serra en 1988, el triatleta paralímpico valenciano se ha convertido en un referente tanto por sus resultados, subcampeón paralímpico en Tokio 2020, campeón del mundo en 2019 y campeón de Europa, como por la forma en la que ha afrontado los cambios que le ha impuesto la vida. Su discapacidad visual, lejos de frenarle, marcó un punto de inflexión que transformó su afición en una carrera deportiva de máximo nivel.

En una entrevista concedida a 7teleValencia en el programa de Valencia en Abierto, Catalá repasa sus inicios en el triatlón paralímpico, la decisión de dejar su trabajo como ingeniero industrial para apostar al cien por cien por el deporte y la experiencia de competir en unos Juegos Paralímpicos. Un recorrido vital y profesional construido desde la constancia, el esfuerzo y la convicción de no hacer nunca las cosas a medias.

Durante la conversación, el deportista también habla del vínculo con su pueblo, Serra, del papel clave de sus guías en la competición, de los próximos retos deportivos con la vista puesta en Los Ángeles 2028 y del mensaje que lanza a quienes atraviesan momentos de cambio: adaptarse, no tener miedo a equivocarse y aprovechar el tiempo dando siempre el máximo.

A lo largo de tu carrera has acumulado muchísimos premios. ¿Cómo empezó todo? ¿Esperabas llegar hasta donde estás ahora?

En 2014, cuando yo empecé con esto no me imaginaba para nada dónde podría llegar. Empecé simplemente porque yo ya hacía triatlón. Entré a la ONCE por mi discapacidad visual y me dijeron: “Si estás haciendo triatlón, ¿por qué no sigues haciendo lo mismo?”, aunque de otra forma.

En el primer momento me produjo cierto rechazo, pero es cierto que me engañaron para probar un tándem y desde luego jamás hubiera pensado que todos estos logros hubieran llegado. Con todo esto, para mí la discapacidad se ha convertido en una oportunidad de transformar lo que era mi hobby en mi trabajo. Aunque es cierto que hay muchísimas horas y mucho trabajo, pero muy aprovechadas y también muy disfrutadas.

Tu discapacidad visual supuso un cambio radical en tu vida. ¿Cómo fue ese proceso de dejar tu trabajo como ingeniero industrial y afrontar este nuevo reto?

Efectivamente, para mí hay varios momentos. El primero es cuando me doy cuenta de que realmente esto va a ser un problema. Evidentemente es un trago difícil porque la enfermedad empieza a evolucionar en los primeros años de universidad y yo era una persona súper independiente. Me doy cuenta de que voy a tener un nivel de dependencia mucho más alto del que me hubiera gustado.

Una vez superado esto, que es un duelo que hay que tragarlo y asimilarlo, llega un punto de inflexión. Yo ya estaba trabajando como ingeniero y el deporte empezaba a ocupar mucho protagonismo en mi vida. Tengo grabada a fuego una frase que me dijo mi padre cuando no sabía qué camino escoger: que eligiera lo que eligiera, no me quedara a medias y pusiera el 100% de mi empeño y mi trabajo en aquello que quería conseguir.

Eso es lo que ha marcado todos estos años desde 2014. No he ido nunca a medias y he puesto el 100% de mi esfuerzo y trabajo. De hecho, esto se ve en los logros y en la trayectoria conseguida.

«Tokio 2020 es imborrable, estaba en una nube»

Tokio 2020 marcó un antes y un después. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?

Yo en 2020 ya había competido en prácticamente todos los sitios del mundo. Iba allí pensando que no me iba a impresionar tanto. Pero tengo súper grabado el momento en el que entramos a la villa. Todo el mundo habla de eso y hasta que no estás allí dentro y lo vives, no sabes por qué.

Es un recuerdo que tengo grabado a fuego porque impresiona. Es llegar a la cúspide del deporte, donde está lo mejor de lo mejor. Estuve dos o tres días en una nube hasta que se acercó la fecha de la competición y los nervios volvieron a ocupar el protagonismo. Tokio 2020 es imborrable, además porque salió muy bien: conseguimos una medalla de plata que hubo que luchar muchísimo.

Fueron unos Juegos muy seguidos por el público. ¿Crees que eso hizo que la gente te conociera más que en un ciclo olímpico normal?

Es cierto que yo no lo hubiera pensado nunca porque, con total honestidad, soy inconsciente de que hago triatlón paralímpico. En el volumen de deporte de este país soy prácticamente inexistente. Yo hago vida completamente normal, me conocen en mi pueblo porque me conocen de toda la vida.

También es verdad que el triatlón ha tenido un auge muy grande desde la pandemia. En el nicho del deporte paralímpico no soy una figura como Ricardo Ten o David Casinos, pero ya nos empiezan a conocer. Siempre hay que buscar la parte positiva: gracias a tener una discapacidad he conseguido hacer del deporte mi trabajo.

«soy más de serra que el castell»

En tu pueblo debes de ser todo un referente. ¿Cómo se vive ese cariño?

Me considero extremadamente afortunado. De verdad, no lo digo por quedar bien, aunque siempre digo que soy más de Serra que el Castell. En el pueblo me siento muy querido y muy valorado. No en vano, el polideportivo lleva mi nombre, algo que todavía no acabo de asimilar.

Ahora entreno en Bétera, pero estamos al lado de Serra y subo mucho al pueblo. Es donde tengo a toda la familia y es una forma de conectar con mis raíces, de ser embajador también de puertas hacia fuera. Estoy súper encantado con mi pueblo.

Sigues entrenando y compitiendo. ¿Cuál es el próximo objetivo de Héctor Catalá?

El objetivo es disfrutar. Es algo que he trabajado mucho estos últimos años porque no siempre han venido bien dadas. No me puedo quejar de mi palmarés, pero ha habido años duros.

Cuando alguien trabaja de algo que le gusta, deja de trabajar. Yo me despierto cada día con ambición, con ganas de nadar, correr y salir en bici. Disfruto incluso de la fatiga. No sé cuántos años me quedan, pero estoy disfrutando muchísimo del deporte.

Los Ángeles 2028 está a la vuelta de la esquina, pero este año tenemos Campeonato de Europa y Campeonato del Mundo en España. Llevamos muchos años sin subir al pódium mundial y sería un buen aliciente.

La cita paralímpica de aquí dos veranos es uno de los grandes objeticvos a futuro para el atleta de Serra
En el triatlón paralímpico la figura del guía es fundamental. ¿Qué papel juega en tus éxitos?

Totalmente. Me encanta cerrar con este tema porque para mí somos un equipo. Somos como dos remeros en el mismo barco y tenemos que remar en la misma dirección y con la misma intensidad.

Ahora mismo mi compañero es Diego Mentrida. Todo el mundo se acuerda de Gustavo, con quien gané la medalla, pero Diego es como la versión joven, como el hijo de Gustavo. Estoy súper encantado y prueba de ello es el título de campeón de Europa del año pasado.

Tu historia demuestra que un cambio forzado puede convertirse en algo positivo. ¿Qué le dirías a quienes están atravesando un momento de cambio?

No hay progreso sin cambio. Aunque el cambio no nos gusta a ningún ser humano, adaptarse a él es lo que nos hace más fuertes. No tenemos que tener miedo a equivocarnos.

Desde jóvenes tenemos mucho miedo al error y, si lo pensamos en frío, ¿qué es lo peor que puede pasar? Prácticamente nada. Hay que perder ese miedo y, cuando vamos a por algo, ir con todo. Veo mucha gente desperdiciando tiempo, y el tiempo es lo único que no vuelve. Hay que aprovecharlo y dar el 100% en aquello que queremos hacer.