Con la recta final del verano, los turistas comienzan el éxodo a las ciudades, los comercios estacionales bajan las persianas y los bañistas abandonan las playas valencianas. Año tras año, en estas fechas, cada una de estas situaciones se repite en las localidades costeras de la Comunitat. Sin embargo, ya hay municipios de la provincia de Valencia donde esta estampa tradicional puede pasar a formar parte de su recuerdo.

Poblaciones como Bellreguard, Daimús, Guardamar, Miramar, Piles, El Perelló y Tavernes de la Valldigna se enfrentan a un problema común: la falta de arena. Estos municipios valencianos podrían terminar con sus costas bajo el fondo del mar si no se les da una solución. Cada vez es menor el terreno del que disponen y sus playas han comenzado a desaparecer.

La playa de Piles sin arena el pasado mes de junio.

Las cifras verifican este fenómeno que lleva más de una década in crescendo. En 2010 un estudio elaborado por la Universitat Politècnica de València bajo el título ‘Análisis de los problemas erosivos de la costa valenciana’ alertó de que en el último medio siglo las localidades entre Gandia y Oliva habían perdido 6.356.997 metros cúbicos de arena. Esta cifra traducida a términos anuales supone perder 119.943 m3 de arena al año.

LA DESAPARICIÓN DE LAS PLAYAS COGE CARRERILLA

La borrasca Gloria vivida en enero de 2020 no hizo más que acelerar el proceso. El temporal que durante días azotó Valencia, destrozó paseos marítimos y el mar ganó terreno. Ese terreno perdido es precisamente lo que provocó que las localidades de Bellreguard, Piles y Tavernes de la Valldigna cerrasen los accesos a sus playas.

«En las playas ya no hay espacio. No se pueden colocar zonas deportivas y apenas caben sombrillas y personas», nos confiesa Javier Cremades, fundador de la asociación Salvem les Platges al Sud de Gandia. «En este momento más del 50% del comercio ha cerrado y los turistas abandonan la zona«, señala.

Poblado de Bellreguard en 1941 engullido por el mar en 1947. A la derecha, los cimentos del poblado dentro del mar.

Preguntado sobre el caso de Bellreguard, Cremades no duda en aclarar qué ha sucedido en este pueblo del sur de Gandia. Fue en 1971 cuando la localidad construyó su paseo marítimo, una infraestructura que no celebró ni las bodas de plata. En 1994 quedó destruido y tuvo que ser retrasado 12 metros. Años después se repitió la misma historia y en enero de 2020 la borrasca Gloria volvió a destrozar este paseo.

URBANIZACIÓN Y CONSTRUCCIÓN: EL PELIGRO DE LAS PLAYAS

Las previsiones de los expertos apuntan a que en 30 años el mar podría crecer 20 centímetros. Si bien la cifra parece mínima, esos 20 centímetros de agua supondría la pérdida de alrededor de 30 metros de costa. Pero el cambio climático no es el único causante de la falta de arena. La urbanización descontrolada en las costas y la creación de infraestructuras marítimas son otros causantes.

En el caso de la construcción, el uso de sistemas dunares para edificar ha provocado la pérdidas de toneladas de arena. A esto se suma la escasez de los sedimentos de los ríos que llegan al mar. Según explica Javier, los embalses «están afectando» y es que «rompen el ciclo de sedimentos».

«En seis de cada diez playas se está produciendo una erosión artificial provocada, no es natural. No es un caso de caos urbanístico y cambio climático, es una cuestión de construcciones portuarias», denuncia Javier.

¿EXISTE UNA SOLUCIÓN?

Como soluciones Cremades señala que podrían establecerse arrecifes paralelos, espigones concretos o cordones dunares. «En la UPV hay un proyecto de arrecifes sumergidos redactado por José Serra en 2014. Es una técnica que podría aplicarse a todas las playas. Con ella se reduciría la fuerza de las olas y se frenaría la erosión de la playa».

Efecto barrera del puerto de Gandia. / GOOGLE

¿Y traer arena de otros lugares? Esta continúa siendo la medida más usada en España. El país gasta alrededor de 10 millones de euros anualmente en aportes de arena. Sin embargo, a largo plazo puede llegar a ser un problema pues cada vez son más las localidades que solicitan arena para sus playas en temporada de verano.

Además, hay estudios que hablan de que esta práctica puede suponer la expansión de especies invasoras. Las toneladas de granos de arena contienen numerosos microorganismos que pueden ocasionar problemas medioambientales en otros lugares. Aunque los cargamentos podrían esterilizarse, los costes aumentarían y tampoco se garantizaría un 100% de la limpieza dada las dimensiones transportadas.

Desde Salvem les Platges al Sud de Gandia piden un cambio en la planificación sobre la protección de las playas. La asociación aboga por un cambio sustancial en la Ley de Costas que proteja los derechos de los ciudadanos teniendo en cuenta quién provoca el daño.