Las Fallas de 2026 han vuelto a demostrar la magnitud de la fiesta. Entre todos sus actos, la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados se mantiene como uno de los momentos más esperados y simbólicos.
Durante dos intensas jornadas, los días 17 y 18 de marzo, la plaza de la Virgen se transformó en el epicentro de la devoción fallera. Era un constante ir y venir de comisiones que, entre música y emoción, rindieron homenaje a la patrona.
Este año, la participación ha alcanzado cifras especialmente destacadas. Un total de 123.578 personas desfilaron ante la conocida como ‘Geperudeta’. Lo que supone un incremento del 10% respecto al año anterior.
La Ofrenda no es solo un desfile; es un acto cargado de significado. Cada comisión recorre el centro de la ciudad hasta llegar a la plaza. Allí deposita sus ramos, cestas y composiciones florales. Con cada entrega, el manto de la Virgen comienza a tomar forma. Un proceso que se construye en directo y que no se revela completamente hasta que la Ofrenda avanza.
El manto diseñado por una ilustradora valenciana
Detrás de este trabajo se encuentra el equipo de vestidores, responsables de colocar cada flor siguiendo un diseño previamente establecido. Este 2026, el manto ha sido obra de la ilustradora valenciana Xenia Magraner, quien ha planteado una composición con un mensaje claro: la llamada a la paz y el rechazo a la violencia.

Los claveles rojos, blancos y amarillos han dado forma a una escena cargada de simbolismo: el rojo como representación de la sangre derivada de la violencia; el blanco, dibujando una paloma y lirios, como símbolo de protección y paz; y el amarillo, formando un camino de espinas que evoca el sufrimiento. Sobre este camino, la figura de una madre y un hijo caminando de la mano ha representado la resistencia de las familias frente a la adversidad.
El resultado ha sido un manto floral de gran impacto visual que, durante varios días, ha permanecido expuesto en la plaza de la Virgen junto a la basílica. Como cada año, tras finalizar la Ofrenda, este espacio se ha convertido en un punto de peregrinación para valencianos y visitantes. Muchos acuden expresamente a contemplar el manto con calma, a fotografiarlo o simplemente a despedirse de uno de los símbolos más emotivos de las Fallas.
La duración de esta exposición depende en gran medida de las condiciones meteorológicas. En condiciones favorables, el manto suele mantenerse hasta alrededor del 22 de marzo, aunque los floristas señalan que el periodo óptimo de conservación de este tipo de flores es de unos tres días.
La Plaza de la Virgen recupera su aspecto habitual
Con la llegada de este pasado lunes, el inicio de la retirada de las flores marca el cierre simbólico de las Fallas. El cadafal comienza a desmontarse y la imagen de la Virgen va desapareciendo progresivamente, devolviendo la plaza a su aspecto habitual.
Y es precisamente en este punto donde surge una de las preguntas más recurrentes: ¿qué ocurre con la enorme cantidad de flores utilizadas en la Ofrenda? Este año, la cifra ha alcanzado los 14.000 kilos, una cantidad que refleja la magnitud del acto. Tradicionalmente, el destino de estas flores ha sido poco alentador, ya que en muchos casos acababan desechadas sin un aprovechamiento posterior.
🚛El Servicio de Limpieza y Recogida de Residuos ha sido el encargado, un año más, de retirar los casi 14.000 kilos de flores ofrecidos por los falleros y falleras a la Mare de Déu dels Desamparats. 🌺 Una vez recogidas, estas flores tendrán una segunda vida: se convertirán en… pic.twitter.com/Rn5S3WunQT
— ValenciaNetaVLC (@ValenciaNetaVLC) March 23, 2026
Sin embargo, este año la historia ha tomado un rumbo diferente. El Servicio de Limpieza y Recogida de Residuos del Ayuntamiento ha sido el encargado de retirar todas las flores con un objetivo claro: darles una segunda vida. En lugar de convertirse en residuos, serán transformadas en compost destinado a los jardines de la ciudad.
Esta novedosa iniciativa apuesta por la economía circular e introduce un enfoque más sostenible en una de las tradiciones más multitudinarias de València. De este modo, lo que durante días fue símbolo de devoción y arte efímero pasará a formar parte del ciclo natural, contribuyendo al cuidado de los espacios verdes urbanos.















