La Comunitat Valenciana se sitúa como una de las regiones más afectadas por depresión en España. Según la última Encuesta de Salud del INE, más del 20 % de la población valenciana presentaba en 2023 un cuadro depresivo grave activo. Esta cifra duplica la media nacional y pone de relieve la magnitud de un problema de salud pública que, en muchos casos, sigue siendo invisible.

La depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentes a nivel global y una de las principales causas de discapacidad. No siempre se manifiesta con tristeza visible ni con una incapacidad total para llevar una vida cotidiana. Muchas personas continúan trabajando, estudiando o cuidando de otros mientras conviven, en silencio, con un profundo malestar emocional.

A lo largo de la vida, aproximadamente una de cada cinco personas experimentará al menos un episodio depresivo. Sin embargo, una parte significativa de quienes la padecen no recibe atención profesional, en muchos casos porque su sufrimiento no se reconoce como una enfermedad.

Las formas menos visibles de la depresión

Especialistas señalan que existen formas de depresión menos evidentes. Entre ellas se encuentra la depresión funcional, en la que la persona cumple con todas sus responsabilidades pese al agotamiento interno; la depresión enmascarada, que se expresa a través de síntomas físicos o irritabilidad; o la llamada depresión silenciosa, caracterizada por la desconexión emocional sin llanto ni quejas aparentes. Estas manifestaciones suelen pasar desapercibidas incluso en el entorno más cercano.

Los síntomas más frecuentes incluyen tristeza persistente, apatía, pérdida de energía, dificultad para concentrarse, baja autoestima, sentimientos de culpa excesivos y alteraciones del sueño o del apetito. Lejos de ser una cuestión de actitud o falta de voluntad, la depresión es una enfermedad compleja en la que interactúan factores biológicos, psicológicos y sociales.

La enfermedad puede afectar a personas de todas las edades. En la infancia y la adolescencia, suele expresarse de forma distinta a la de los adultos, con mayor irritabilidad, retraimiento social o problemas de conducta. En las personas mayores, la soledad no deseada y el aislamiento social se identifican como factores de riesgo especialmente relevantes.

La huella emocional de la DANA en València

Las consecuencias de la DANA que afectó a València no fueron solo materiales. Diversos estudios y evaluaciones posteriores evidenciaron un impacto significativo en la salud mental de la población afectada. Entre las personas adultas, se detectaron altos niveles de ansiedad (67%), tristeza o melancolía (62%) y alteraciones del sueño (56%), junto con sentimientos de miedo, angustia e impotencia.

El impacto fue especialmente relevante entre adolescentes: el 40% vio afectada su salud mental, con dificultades de concentración, cambios en las rutinas diarias, aislamiento social y una mayor sensación de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, se observó una elevada implicación de este grupo en tareas de voluntariado, que actuaron como un factor de protección emocional.

Respuesta sanitaria y apoyo psicológico

Entre los diagnósticos más frecuentes se encontraron el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el trastorno de estrés agudo, lo que motivó una rápida activación de recursos de apoyo psicológico. Organizaciones profesionales y sociales, junto con la red pública de salud, pusieron en marcha líneas telefónicas específicas, atención psicológica especializada, talleres para niños en centros educativos y estudios de vigilancia epidemiológica.

No obstante, los datos reflejan la eficacia de la intervención coordinada: el 82% de las consultas en atención primaria fueron resueltas y más de la mitad de las personas en tratamiento recibieron alta clínica.

Pese a estos resultados, los expertos advierten de que la huella emocional de este tipo de catástrofes persiste en el tiempo. Por ello, subrayan la necesidad de reforzar la red pública de salud mental y mantener el acompañamiento a medio y largo plazo. Entre las principales recomendaciones destacan evitar la sobreexposición a noticias, mantener rutinas, apoyarse en la red social y permitirse sentir y expresar las emociones sin culpa, como parte esencial del proceso de recuperación.