València ya está inmersa de lleno en el ambiente fallero. El calendario avanza y este fin de semana marca uno de esos momentos simbólicos que confirman que las Fallas han comenzado de verdad: la primera mascletà en la Plaza del Ayuntamiento. El sonido de la pólvora vuelve a convertirse en protagonista y, con él, se activa oficialmente la cuenta atrás hacia los días grandes de marzo.
A partir de ahora, cada jornada acerca un poco más a la plantà, el instante en el que las comisiones mostrarán en la calle meses de trabajo en los talleres. Será entonces cuando los monumentos cobren forma definitiva y el esfuerzo de los artistas falleros quede expuesto al juicio del público y, sobre todo, del jurado.
La ciudad se prepara para vivir una nueva edición marcada por la competencia, la creatividad y la ambición artística. Los premios están en juego y cada comisión aspira a destacar en un año en el que el nivel vuelve a ser especialmente alto, tanto en diseño como en inversión.
Las Fallas 2026 las más caras en la última década
En este contexto, la Sección Especial vuelve a situarse en el centro de todas las miradas. El ejercicio fallero de 2026 se confirma como uno de los de mayor inversión de la última década, con presupuestos que no se veían desde hace años y que evidencian una tendencia clara al alza. No se trata de un hecho aislado, sino del reflejo de un escenario en el que los costes han aumentado y las comisiones siguen apostando por competir al máximo nivel.
Las nueve fallas que luchan por el máximo galardón han elevado sus cifras de forma notable. Encabeza la lista Convento Jerusalén–Matemático Marzal, que destina 260.000 euros a su monumento grande bajo el lema ¿Quin és el teu preu?.

Le siguen L’Antiga de Campanar, con 200.000 euros para Sentiment, y Exposición-Micer Mascó, que alcanza los 195.000 euros con Meditem. Completan la nómina Na Jordana (185.000 euros), Plaza del Pilar (180.000), Sueca-Literato Azorín (171.500), Almirante Cadarso-Conde Altea (170.100), Cuba-Literato Azorín (110.000) y Reino de Valencia–Duque de Calabria (107.000 euros).
El precedente que lo cambió todo
Sin embargo, por muy elevadas que sean las cifras actuales, hay una falla que sigue marcando el techo económico de la historia. Una referencia inevitable cada vez que se habla de presupuestos y ambición fallera. Se trata de la Falla Nou Campanar, que en 2009 estableció un récord que, más de una década después, continúa intacto.
Con un presupuesto de 900.000 euros, el monumento se convirtió en la falla más cara jamás realizada. Aquella apuesta sin precedentes no solo destacó por su coste, sino también por sus dimensiones: 28 metros de altura, una base de 30 por 35 metros y un total de 120 ninots que necesitaron hasta 38 góndolas para ser transportados.
La falla, obra del artista Julio Monterrubio, llevaba por lema Esta falla… té molta tela y giraba en torno al mundo de la moda. En el centro del monumento se alzaba un gigantesco maniquí rodeado de estilizadas figuras femeninas, combinando crítica social, estética vanguardista y una composición muy estudiada para adaptarse a un solar de grandes dimensiones.

El contenido satírico se desarrollaba en doce escenas inferiores, donde el humor abordaba desde los excesos en la forma de vestir hasta las incomodidades de los probadores, las bodas exageradas, la moda infantil o la complejidad de la indumentaria tradicional valenciana. Todo ello con una lectura crítica accesible y reconocible para el público.
El diseño moderno, las líneas estilizadas y una gama cromática contenida se alejaban del estilo clásico de las fallas ganadoras, lo que dio aún más valor al primer premio obtenido en la Sección Especial.
Más de 2 años para hacer la falla
La realización del monumento no estuvo exenta de dificultades. El proyecto comenzó en 2007 y su construcción se prolongó durante más de dos años, superando con creces los plazos habituales de una falla.
La crisis económica estuvo a punto de paralizarlo cuando gran parte del trabajo ya estaba hecho, pero finalmente se logró culminar fiel al boceto inicial. Incluso fue necesario modificar el taller para poder construir la figura central, cuya altura no cabía en la nave original.
Aquel monumento supuso el sexto primer premio consecutivo para Nou Campanar y una enorme repercusión mediática para la comisión. Aunque también generó debate por su elevado coste, su legado sigue vivo como un hito difícilmente repetible.
En un año en el que los presupuestos vuelven a crecer y la ambición se deja notar en cada proyecto, la sombra de Nou Campanar continúa siendo el punto de referencia que marca hasta dónde puede llegar una falla cuando la apuesta es total.















