La línea de alta velocidad entre Valencia y Madrid vive estos días unas jornadas especialmente complicadas marcadas por retrasos, paradas inesperadas y nerviosismo entre los pasajeros. El origen del problema radica en la decisión de Adif de mantener nueve puntos del trazado con limitaciones temporales de velocidad, una medida adoptada tras los avisos reiterados de los maquinistas sobre vibraciones y movimientos laterales en determinados tramos de la vía y en un contexto de máxima sensibilidad tras el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba).
Las restricciones afectan a cuatro enclaves donde los trenes no pueden superar los 160 km/h y otros cinco puntos con límite de 200 km/h, pese a que en el resto del recorrido se mantienen las velocidades habituales. En total, las zonas afectadas suman apenas unos kilómetros del trazado, pero su impacto en la circulación es suficiente para generar un efecto dominó entre los convoyes.
Estas limitaciones se concentran en puntos kilométricos concretos donde los maquinistas han detectado anomalías durante la circulación. Se trata de avisos que, en condiciones normales, forman parte del funcionamiento cotidiano del sistema ferroviario, pero que en los últimos días se han multiplicado ante el temor a nuevos incidentes tras la tragedia de Córdoba y el siniestro de Cataluña acumulando entre ambos un total de 44 defunciones, cifra todavía provisional.

Adif está realizando inspecciones nocturnas para evaluar el estado de la vía, pero ha decidido mantener las restricciones de forma preventiva mientras continúan las comprobaciones técnicas. Desde el organismo insisten en que la seguridad no está comprometida y que las medidas buscan precisamente garantizarla, aunque reconocen que afectan a la puntualidad de los servicios.
Retrasos de hasta una hora y trenes detenidos
Las consecuencias no han tardado en notarse. A lo largo del miércoles, varios trenes de las compañías que operan en la línea —Renfe, Iryo y Ouigo— acumularon retrasos medios de entre 30 y 60 minutos. En algunos casos, los convoyes llegaron a detenerse en plena vía para evitar alcanzar al tren precedente, que circulaba más despacio debido a las restricciones.
Uno de los episodios más tensos se produjo cuando dos trenes con destino Valencia quedaron parados en distintos puntos del recorrido, uno en la provincia de Toledo y otro en el entorno de Madrid. Las paradas, ordenadas por Adif para regular la circulación, incrementaron la inquietud de los viajeros, que recibieron información por megafonía sobre el estado de la infraestructura y la necesidad de extremar la precaución.
Desde el sector ferroviario se reconoce que el accidente de Adamuz ha supuesto un punto de inflexión. Los maquinistas están reportando con mayor frecuencia cualquier anomalía, por mínima que sea, y Adif está aplicando un criterio más conservador a la hora de imponer limitaciones de velocidad.
El propio ministro de Transportes, Óscar Puente, señalaba ayer que en una sola jornada se recibieron decenas de avisos en distintas líneas de alta velocidad, una cifra muy superior a la habitual. Esta situación ha llevado al gestor de la infraestructura a priorizar la prevención, incluso a costa de la regularidad del servicio.
Información a los pasajeros y próximas revisiones
Durante la jornada, los operadores informaron a los viajeros de la posibilidad de retrasos derivados de las restricciones. Algunos trenes con salida desde Valencia lograron circular sin incidencias reseñables, mientras que otros sufrieron demoras acumuladas por las maniobras de aceleración y frenado en los puntos afectados.
Adif ha avanzado que los equipos de mantenimiento continuarán revisando los tramos señalados y que las limitaciones se irán retirando de forma progresiva en cuanto se confirme que la vía reúne las condiciones óptimas. Mientras tanto, la línea Valencia-Madrid seguirá operando bajo estas restricciones, en un escenario marcado por la prudencia extrema y la atención puesta tanto en la seguridad como en la recuperación de la normalidad ferroviaria.















