Suciedad en una de las calles de La Roqueta. AVV La Roqueta
Suciedad en una de las calles de La Roqueta. AVV La Roqueta

Con el fin de los exámenes universitarios de enero y el regreso de la actividad nocturna, los problemas de convivencia vinculados al ocio vuelven a intensificarse en distintos barrios de València. Botellones, fiestas en la calle, ruido hasta altas horas de la madrugada, suciedad y actos vandálicos conforman un escenario que, según denuncian los vecinos, se repite año tras año sin que las soluciones lleguen a consolidarse.

Las quejas se concentran especialmente en zonas con una alta presencia de discotecas, locales de ocio nocturno y residencias universitarias, como Blasco Ibáñez, Ciutat Jardí, el entorno de la plaza Honduras o, más alejado de la zona universitaria, el barrio de La Roqueta, en pleno centro de la ciudad. En todos los casos, los residentes coinciden en una misma sensación: imposibilidad de descansar, deterioro del espacio público y una creciente percepción de abandono institucional.

La Roqueta: fines de semana sin descanso en pleno centro

Uno de los ejemplos más claros de esta situación se vive cada fin de semana en La Roqueta. Los vecinos denuncian noches interminables marcadas por gritos, botellones y peleas esporádicas, seguidas de amaneceres con basura acumulada, orines y hasta heces humanas en la vía pública. La Asociación de Vecinos del barrio volvió a denunciar el pasado fin de semana en redes sociales la gravedad de la situación, difundiendo imágenes captadas por los propios residentes.

La cercanía de dos discotecas convierte al barrio en un polo de atracción para el consumo de alcohol en la calle, especialmente en la zona final de la calle Pelayo, junto a la plaza donde se ubica una sede de la Seguridad Social. Ese pequeño parque, con fuente incluida, se transforma cada fin de semana en epicentro del botellón. “Con suerte no hay peleas, pero el ruido, la suciedad y los destrozos están garantizados”, lamentan desde la asociación vecinal.

Además, los vecinos alertan de actos vandálicos recurrentes. “Tenemos un ratio de vehículos vandalizados muy alto, con retrovisores y limpiaparabrisas rotos prácticamente cada fin de semana”, explica el presidente de la entidad, que asegura que llevan años reclamando al Ayuntamiento medidas que no terminan de llegar.

Blasco Ibáñez, Ciutat Jardí y plaza Honduras: la presión del ocio universitario

El problema se repite con fuerza en la zona universitaria. En barrios como Blasco Ibáñez, Ciutat Jardí, en las plazas del Cedro o la plaza Honduras, el curso académico ha traído consigo botellones masivos, fiestas en la calle y las tradicionales novatadas en colegios mayores y residencias de estudiantes, pese a estar prohibidas.

En muchas zonas de la avenida Blasco Ibáñez, los vecinos aseguran que es casi imposible dormir durante estas semanas. “Hay fiesta de jueves a domingo y los botellones se multiplican en plazas y parques durante toda la noche”, señalan desde la Asociación Vecinal de Ciutat Jardí. “Aunque cerremos las ventanas, no se puede descansar”, añaden.

Desde la Asociación de Vecinos de la plaza Honduras, denuncian que las fiestas en residencias de estudiantes generan molestias a diario, no solo los fines de semana, y reclama una mayor implicación de las universidades. “Cuando llega la Policía, muchas veces no sanciona. No se practican diligencias y los jóvenes se sienten impunes”, afirma.

Solo en el entorno de la plaza Honduras hay entre 75 y 80 locales de ocio nocturno y al menos cuatro discotecas, lo que agrava un problema que va más allá del botellón y se extiende a bares y pubs que, según los vecinos, incumplen horarios y normas de ocupación del espacio público.

Preocupación en los barrios ante la llegada de las Fallas

La preocupación vecinal por el exceso de fiestas y el deterioro del espacio público se extiende también a otros barrios de la ciudad, especialmente a las puertas de las Fallas. Un ejemplo es la plaza de San Sebastián, en el barrio del Botànic, donde el paisaje será distinto durante las Fallas de 2026.

Tras varios años de quejas y denuncias, la presión vecinal ha logrado que no se celebre la macroverbena conocida como El Casal del House en la falla Borrull-Socors. El festival de música techno cerraba al tránsito la plaza de San Sebastián durante cinco noches, desde las 22 hasta las 4 de la madrugada, privatizando con vallado propio uno de los espacios centrales del vecindario.

Según relatan los vecinos, el sonido de la macroverbena se caracterizaba por bajos muy potentes que hacían vibrar los cristales de viviendas situadas a más de 100 metros de la cabina del DJ, con sesiones sin pausas ni descanso para los residentes. A ello se sumaba, aseguran, un perfil de público poco respetuoso con el barrio, con episodios de vandalismo y comportamientos incívicos, como personas que accedían a portales para orinar.