Cada verano, playas, piscinas y ríos registran cientos de incidentes relacionados con el agua. Aunque las campañas de prevención se centran, con razón, en evitar los ahogamientos mortales, los especialistas en neurorrehabilitación del Instituto de Rehabilitación Neurológica de Vithas (Irenea) en Vithas Valencia Consuelo y Vithas Aguas Vivas recuerdan que algunos niños que sobreviven a un semiahogamiento pueden presentar secuelas neurológicas que no siempre resultan evidentes en las primeras fases de recuperación.
Un semiahogamiento consiste en un episodio en el que una persona sobrevive tras sufrir una dificultad respiratoria dentro del agua. Aunque no llegue a producirse una parada cardiorrespiratoria completa, durante esos minutos puede registrarse una disminución parcial del oxígeno que llega al cerebro, un proceso conocido clínicamente como hipoxia cerebral.
Existe la falsa sensación de que si un niño sobrevive al episodio, recupera la conciencia y recibe el alta hospitalaria, el problema ha quedado resuelto, pero hoy en día se sabe que incluso situaciones de hipoxia leve o moderada pueden dejar secuelas neurocognitivas que inicialmente pasan desapercibidas.
El daño cerebral hipóxico silencioso
Determinadas estructuras cerebrales especialmente sensibles a la falta de oxígeno, como el hipocampo o los lóbulos frontales, pueden verse afectadas durante un semiahogamiento. Como consecuencia de ello, algunos menores pueden presentar alteraciones posteriores en funciones tan importantes para su día a día como la atención, la memoria, el aprendizaje, la planificación, el lenguaje o la regulación emocional. Por este motivo, en los últimos años ha cobrado fuerza el concepto de daño cerebral hipóxico silencioso para describir aquellas lesiones que no provocan secuelas físicas evidentes, pero que afectan directamente al funcionamiento cotidiano del niño.

La importancia del seguimiento familiar
La recuperación tras un semiahogamiento no debe evaluarse únicamente por la supervivencia o la ausencia de secuelas físicas visibles. Cuando ha existido una situación de falta de oxígeno en el cerebro es muy recomendable realizar un seguimiento clínico y neuropsicológico adecuado, ya que las consecuencias pueden afectar a diferentes áreas del desarrollo. Cualquier cambio en la comunicación, la conducta o la participación en sus actividades diarias habituales debe ser valorado por profesionales especializados.
La identificación de estas dificultades no siempre resulta sencilla, ya que no aparecen en las primeras exploraciones médicas ni generan síntomas evidentes, sino que se manifiestan a través de pequeños cambios en el comportamiento. Por este motivo, las familias tienen un papel fundamental en la detección precoz de estas secuelas, puesto que son las primeras en observar que algo ha cambiado.
La Dra. Carolina Colomer, directora clínica de Irenea, señala que cuando se produce un daño cerebral es habitual que exista una escasa conciencia de las propias dificultades por parte del afectado, por lo que escuchar a los padres resulta fundamental para orientar hacia un diagnóstico adecuado y permitir una intervención temprana. Con el inicio del verano, resulta vital extremar las medidas de seguridad en entornos acuáticos y prestar atención a posibles cambios en la vida cotidiana del menor, incluso cuando hayan transcurrido años desde el accidente.










