Alba es una joven de Valencia que lleva desde el sábado acampada en la Plaza del Ayuntamiento. El lunes se levantó temprano y se fue a trabajar pero, tras su jornada laboral habitual, volvió a la protesta. Este es solo uno de los numerosos testimonios que podrían contarse sobre la acampada contra la situación inmobiliaria nacional, y es que la cifra de protestantes no para de multiplicarse hablándose ya de casi 1.000 personas.
«Esto no para de crecer. Nos vamos un par de horas a ducharnos y cuando volvemos hay mucha más gente o está mucho mejor organizado·, explica Alba a un equipo de 7teleValencia. La joven asegura que ya son «entre 800 y casi mil» los participantes y calcula que la acampada se ha triplicado desde sus primeros momentos.
La imagen de la plaza del Ayuntamiento confirma el crecimiento de la protesta. Las tiendas se extienden por buena parte de la explanada y continúan apareciendo nuevas estructuras, mientras los participantes organizan diferentes espacios y comisiones para garantizar el funcionamiento del campamento. Los propios acampados hablan ya de un fuerte «efecto llamada».
«Nos estamos haciendo más grandes porque se está uniendo más gente»
Una de las jóvenes que ha pasado su primera noche en la plaza resume así la evolución de la protesta: «De momento lo que se está notado es que nos estamos haciendo más grandes porque se está uniendo más gente».
Para algunos de los participantes, la noche del lunes fue su primera experiencia durmiendo en la acampada. «Para muchos es el primer día, yo es la primera noche que he pasado aquí y de momento no me ha dado para estar cansada aunque no se duerme bien», explica.
La dinámica, según relata, consiste en alternar las horas en la plaza con momentos en casa para descansar y volver después. «Luego iré a casa a ducharme, descansar un poco y volveré», cuenta. El crecimiento de la movilización es, precisamente, uno de los elementos que más destacan quienes llevan varios días instalados. «Ahora el sentimiento común es que esto está creciendo y se está uniendo más gente. Al final el efecto llamada es muy fuerte», sostiene.
La organización también se ha ido reforzando. Alba explica que existen turnos nocturnos de seguridad y diferentes comisiones para gestionar las necesidades de la acampada. «Esto está súper bien organizado, hay turnos de noche de seguridad, hay un montón de comisiones», señala.
La joven reconoce que el cansancio existe, pero asegura que queda en segundo plano ante el aumento de participantes. «Estoy muy contenta. El cansancio que tengo se me va con lo contenta que estoy de que haya tanta gente aquí y que nos estemos moviendo, nos estemos organizando».
«Tengo dos trabajos y no me puedo ir de casa de mis padres»
La reivindicación tiene rostros y situaciones diferentes, aunque entre los jóvenes entrevistados se repite una misma dificultad: acceder a una vivienda. Una de las participantes, que lleva dos noches en la plaza, explica que cada mañana abandona temporalmente la acampada para trabajar y que al regresar encuentra una protesta mucho mayor.
«Es muy emocionante porque cada día que pasa, yo me voy por la mañana, ahora me iré a trabajar, y luego llego por la tarde y se ha multiplicado», afirma. Para ella, ese crecimiento es «súper gratificante» porque muestra cómo diferentes personas se están uniendo «para una causa».
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Su propia situación es uno de los motivos que la ha llevado hasta la plaza. «Yo, por ejemplo, tengo dos trabajos, no me puedo ir de casa de mis padres, llevo años intentando poder comprarme una vivienda y es imposible«, relata. La joven es de Albal y asegura que las dificultades del mercado inmobiliario también condicionan dónde puede vivir. «Te obligan a irte a pueblos mucho más lejos, a 70 kilómetros de lo que es tu pueblo», afirma.
Para los participantes, la vivienda se ha convertido en una reivindicación transversal que afecta a distintas generaciones y perfiles. Alba lo resume así: «Al final estamos todos juntos por algo que es muy interseccional, como es la vivienda. Eres una persona, necesitas vivir».
Tensión por la presencia de grupos de extrema derecha
El crecimiento de la acampada también ha venido acompañado de episodios de tensión con grupos de extrema derecha. Según los organizadores, durante las primeras noches se produjeron acercamientos de personas identificadas por los acampados como grupos ultraderechistas, que habrían acudido a la plaza para increpar a los participantes. Los organizadores denunciaron incluso el lanzamiento de botellas de vidrio.
La situación ha vuelto a generar preocupación entre los participantes después de que en redes sociales se difundiera un llamamiento para acudir a la plaza este jueves con la intención de desalojar la acampada. Ante esta posibilidad, los responsables del campamento han reforzado su organización y han convocado una reunión para abordar las medidas de seguridad.
«Nosotras somos bastante murciélagos y hasta las 4 o 5 de la mañana estamos dando vueltas por aquí también. Al final vienen muchas veces fascistas o nazis a molestar«, explica Alba, que asegura que estos episodios no han frenado el crecimiento de la movilización.

Los acampados han reclamado apoyo y han anunciado que explicarán públicamente cómo afrontarán la situación. Mientras tanto, la policía mantiene presencia en los alrededores de la plaza para garantizar la seguridad.
Una acampada que quiere continuar durante el 9 d’Octubre
El crecimiento de la protesta coincide además con la proximidad del 9 d’Octubre, una fecha especialmente relevante para la ciudad, ya que la plaza del Ayuntamiento acogerá parte de la programación festiva. Los organizadores ya han manifestado que no tienen previsto abandonar el espacio.
«La verdad, nos da un poco de reparo lo del 9 de octubre, pero ya avisamos ayer que no nos vamos a mover. Esto va a continuar. Vamos a seguir aquí hasta que se tomen unas medidas y podamos acceder a una vivienda digna», asegura una de las jóvenes.
Los participantes consideran que permanecer en un espacio tan céntrico permite dar visibilidad a sus reivindicaciones y aumentar la presión. Alba defiende que el esfuerzo de permanecer en la plaza, incluso durante las noches de lluvia, tiene un objetivo concreto: «Creo que sí que vamos a conseguir cosas y que sí están sirviendo todos los malos ratos que también pasamos».
«Antes de anoche, llovió un montón y al final acabas chopado«, recuerda. Aun así, sostiene que el sacrificio forma parte de la movilización: «Es presión, es acción directa y pacífica. Estamos ocupando las plazas, estamos ocupando el lugar que es nuestro y estamos reivindicando lo que queremos».
La acampada ha incorporado además carteles y mensajes reivindicativos en distintos puntos de la plaza, mientras las comisiones organizan actividades y tareas cotidianas. La intención de los participantes es mantener la protesta activa y seguir incorporando personas. «Yo soy una chica con esperanza y creo que sí va a surgir efecto y vamos a conseguir lo que queremos», concluye Alba.














