Beatriz Blanco Tamarit ha pronunciado este miércoles 14 de octubre su primer discurso como Fallera Mayor de València 2027 durante el acto de su proclamación oficial en el Ayuntamiento. Visiblemente vinculada a la emoción de cumplir un sueño que, según ha expresado, llevaba tiempo guardando en un rincón del corazón, la nueva representante de las Fallas ha aprovechado sus primeras palabras para agradecer el apoyo recibido y reivindicar el valor humano de una fiesta que trasciende la pólvora, la música, las flores y la indumentaria.
La ingeniera, elegida el martes 13 de octubre tras la tradicional Telefonada de la alcaldesa, María José Catalá, inicia así una nueva etapa al frente del mundo fallero. Un año que afronta con el compromiso de custodiar la tradición y representar a una ciudad orgullosa de sus raíces, pero también abierta al futuro.
Un sueño que se convierte en responsabilidad
«Hay sueños que pensamos que algún día llegarán y que guardamos en un rincón del corazón, esperando su momento». Con esta idea, expresada en valenciano durante su intervención, Beatriz Blanco ha trasladado la emoción de dirigirse por primera vez al colectivo fallero desde su nueva responsabilidad.
La Fallera Mayor de València ha asumido el nombramiento como un privilegio y una responsabilidad, con la mirada puesta en las mujeres que la han precedido y que, según ha destacado, constituyen un ejemplo de inspiración y apoyo. Su discurso ha estado marcado por la voluntad de mantener viva la llama de las Fallas y transmitirla a las próximas generaciones.
Las Fallas son, sobre todo, las personas
Uno de los mensajes centrales de su intervención ha sido la dimensión humana de la fiesta. Blanco ha recordado que las Fallas han sido para ella mucho más que una celebración: han sido casa, familia, amistad y tradición, además de arte, pólvora, música, flores, versos y seda.
Pero, por encima de todos esos elementos, ha situado a las personas que le han enseñado a querer las fiestas y a sentirse parte de ellas. Un sentimiento que comenzó a construir desde su comisión, Castelló-Sogorb, donde aprendió que ser fallera no consiste únicamente en vestir el traje tradicional o participar en los actos oficiales.
Ser fallera, ha explicado, significa compartir, ayudar, reír, emocionarse y estar al lado de los tuyos. Una manera de entender las Fallas que se ha ido consolidando con los años y que ahora quiere trasladar a su papel como máxima representante de la ciudad.
En este recorrido también ha tenido presentes a su sector, Russafa, a la Federación de Fallas del Centro y a la Junta Central Fallera, a la que se ha referido como la casa grande de todo el colectivo. De todas estas experiencias ha extraído una idea que ha atravesado el discurso: la importancia de vivir cada momento acompañada.
Agradecimiento a su Corte de Honor
Beatriz Blanco también ha reservado parte de sus primeras palabras para las doce mujeres que integran su Corte de Honor, con las que compartirá los principales actos y compromisos del ejercicio fallero. La nueva representante ha expresado su agradecimiento por la compañía durante el proceso y por compartir los nervios, las alegrías y los recuerdos que ya forman parte de esta experiencia.
La Fallera Mayor ha destacado el valor de este camino compartido y la suerte de contar con un grupo de mujeres que también vivirán una etapa que quedará ligada a la historia personal de cada una de ellas.
La elección de las máximas representantes no supone únicamente el inicio de un año institucional, sino también la oportunidad de estrechar vínculos entre mujeres procedentes de distintas comisiones y sectores que comparten una misma pasión por las Fallas.
Una València orgullosa de sus raíces y abierta al futuro
En la parte final de su intervención, Blanco ha ampliado su mensaje al conjunto de la ciudad. Ha reivindicado unas Fallas que son patrimonio, tradición y cultura, pero también el resultado del trabajo y la implicación de miles de personas que, desde barrios diferentes y con formas distintas de vivir la fiesta, comparten un sentimiento común.
Esa es la València que ha asegurado querer representar: una ciudad orgullosa de sus raíces, que conserva sus tradiciones porque forman parte de su identidad y que, al mismo tiempo, mantiene la mirada puesta en el futuro.
La nueva Fallera Mayor ha aludido asimismo al reconocimiento internacional de las Fallas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una distinción que refuerza el valor cultural de una celebración que se sostiene tanto en su legado como en la participación de su gente.
Un año para vivir intensamente
Sin anticipar qué le deparará el camino que ahora comienza, Beatriz Blanco ha expresado su intención de vivir cada instante con gratitud y de no dejar escapar las oportunidades que le brindará el cargo.
Su primer discurso ha terminado con un agradecimiento a València y una declaración de amor a la ciudad y a sus fiestas, condensando el espíritu con el que inicia su reinado: ilusión, responsabilidad y orgullo de representar al mundo fallero.
«Gràcies, València! Visca València i visquen les Falles!» ha sido el mensaje final de una proclamación que marca el comienzo de su año como máxima representante de las Fallas de 2027.













