Un investigador de la UMH trabaja en un envase inteligente a partir de la paja del arroz para ayudar a conservar los alimentos
El investigador Francisco Javier Álvarez lidera el proyecto RiceCycle.

Un envase que no se limite a proteger los alimentos, sino que pueda actuar sobre ellos cuando se inicie su degradación, frenando así el desperdicio alimentario y fomentando la alimentación sostenible. Este es uno de los objetivos que persigue el proyecto RiceCycle, una investigación liderada por Francisco Javier Álvarez, investigador posdoctoral de Instituto de Investigación en Biotecnología y Salud de la UMH Universidad Miguel Hernández (IDiBE – UMH).

La propuesta, financiada por Fundación Daniel y Nina Carasso, busca aprovechar los compuestos naturales presentes en la paja del arroz para desarrollar un material destinado al envasado de alimentos. La idea es que estos compuestos puedan liberarse de forma controlada y contribuir a mantener más tiempo las propiedades del producto, minimizando así las pérdidas alimentarias.

“Nuestra idea es utilizar nanotecnología para que el material responda a determinados estímulos, como el cambio de temperatura, la liberación de gases, daños físicos o la exposición excesiva de luz liberando los polifenoles de la paja del arroz cuando sea necesario, en lugar de hacerlo constantemente”, explica Álvarez.

Aprovechar un residuo agrícola

El proyecto estudia posibles aplicaciones en distintos formatos, desde películas tipo film para alimentos frescos hasta recipientes como bandejas destinados a otros productos alimentarios como comidas preparadas. El objetivo es que el propio recipiente pueda aportar una función adicional a la protección física del alimento. “Buscamos que el envase sea funcional y aporte un valor añadido, ayudando a alargar la vida útil del producto y frenar así la perdida de alimentos”, señala el investigador.

Proyecto RiceCycle.

Para conseguirlo, RiceCycle parte de una materia prima cuya gestión es cada vez un problema mayor para la agricultura valenciana: la paja que queda en los campos tras cosechar el arroz. El proyecto estudia cómo aprovechar diferentes componentes de este residuo. De hecho, una de las claves del proyecto es conseguir que este aprovechamiento sea viable también fuera del laboratorio. Para ello, el equipo trabaja con procesos de extracción que permitan obtener los compuestos de interés de una manera sencilla y sostenible. “Si el proceso no es rentable desde el punto de vista económico y medioambiental, no tendría sentido. Nos hemos roto la cabeza para intentar que sea algo viable y no quede guardado en un cajón”, apunta el investigador.

La iniciativa también plantea una posible oportunidad para los agricultores, ya que convertir la paja en una materia prima para su compra podría favorecer su recogida y comercialización. “En estos momentos para el agricultor supone un trabajo gestionar la paja, de esta manera la damos un valor económico y se puede. Es una ventaja para todos”, afirma Álvarez.

En este punto aparece uno de los principales retos: la logística. La paja ocupa mucho volumen y tiene una baja densidad, por lo que su recogida, transporte y almacenamiento pueden encarecer el proceso. Por ello, el desarrollo de futuras instalaciones de transformación próximas a las zonas productoras sería uno de los aspectos a estudiar.

Francisco Javier Álvarez en el laboratorio.

Fundación Carasso y Comunidad SABE

RiceCycle se encuentra todavía en fase de investigación y desarrollo. El equipo ya ha completado la primera etapa de análisis de la paja de arroz, y trabaja ahora en el desarrollo del material que permitirá incorporarlos al futuro envase. “Hemos terminado la primera fase, centrada en obtener el extracto bioactivo, y ahora estamos trabajando en crear el material para poder funcionalizarlo y realizar los ensayos con él”, explica el investigador.

A partir de ahora, uno de los principales retos será comprobar el comportamiento del material y estudiar su capacidad para incorporar y liberar los compuestos de manera controlada, además de analizar su posible aplicación en diferentes alimentos y formatos de envase.

El proyecto cuenta con el apoyo de Fundación Daniel y Nina Carasso, a través de la Daniel Carasso Fellowship 2025, un programa de ayudas a contratos postdoctorales centrado en la alimentación sostenible, y forma parte de la Comunidad SABE. La investigación plantea así una doble vía de trabajo: encontrar nuevas aplicaciones para un residuo agrícola abundante y, al mismo tiempo, estudiar alternativas de envasado que puedan contribuir a reducir el desperdicio de alimentos.