El sueño de ser Fallera Mayor de València es uno de los más importantes dentro del mundo fallero. Sin embargo, detrás de los trajes, los actos oficiales y la emoción de representar a toda una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, también existe un importante esfuerzo económico y organizativo.

Un año repleto de actos oficiales

La agenda de una Fallera Mayor comienza prácticamente desde su nombramiento y se prolonga durante todo el año fallero. Entre los actos más destacados se encuentran La Crida, las Exaltaciones, la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, las Mascletàs, las visitas institucionales y los eventos organizados por la Junta Central Fallera, entre otros.

Muchos de estos compromisos requieren diferentes cambios de vestuario, desplazamientos, peluquería y complementos específicos.

La indumentaria: tradición, herencia… y un gasto muy variable

La ropa tradicional fallera es el pilar del cargo de Fallera Mayor de València y, a su vez, uno de los gastos más elevados, aunque también uno de los más variables en cuanto a presupuesto. No existe una cifra fija u oficial, ya que el coste depende totalmente de las decisiones personales de cada fallera.

Un aspecto a tener en cuenta es que las Falleras Mayores de València, en su gran mayoría, suelen utilizar espolín, una de las piezas más exclusivas de la indumentaria, cuyo precio oscila aproximadamente entre 20.000 y 25.000 euros. Su coste se debe a que se teje de forma totalmente artesanal en telares tradicionales, puede incluir decenas de colores y miles de hilos en el dibujo, cada diseño es único y requiere muchas horas de trabajo manual, lo que implica una producción muy lenta.

A esto se suman otros elementos del conjunto, como los corpiños, faldas, manteletas bordadas, peinetas, aderezos, zapatos artesanales, enaguas, cancán, complementos interiores, posticería y los gastos de peluquería.

Sin embargo, es importante destacar que no todas las Falleras Mayores estrenan todo desde cero. Muchas optan por heredar trajes familiares o de la comisión, que posteriormente se restauran, adaptan o combinan con nuevas piezas. Esta práctica es habitual en el mundo fallero y contribuye a reducir el gasto, además de mantener viva la tradición dentro de las familias.

También existe la opción de reutilizar elementos como telas antiguas, aderezos o manteletas, lo que permite ajustar el presupuesto según lo que cada persona quiera o pueda invertir.

Más allá del traje: comidas, flores y protocolo

Los gastos no terminan en la indumentaria. Muchas Falleras Mayores también asumen costes relacionados con las flores para la Ofrenda, detalles y regalos protocolarios, comidas y cenas con la comisión, desplazamientos, maquillaje y peluquería, sesiones fotográficas y vestidos de gala para actos no tradicionales.

Además, en algunas comisiones existen tradiciones internas o expectativas sociales que pueden incrementar el presupuesto anual.

Tradición, presión y pasión fallera

Pese al coste económico, muchas familias consideran que ser Fallera Mayor es una experiencia única e irrepetible. La oportunidad de representar a una comisión o incluso a toda la ciudad convierte el cargo en uno de los más simbólicos del calendario festivo valenciano.

Sin embargo, el debate sobre el coste real de las Fallas y la presión económica asociada al cargo continúa muy presente dentro del mundo fallero, especialmente en un contexto en el que la artesanía tradicional y la exclusividad de algunos tejidos elevan considerablemente el presupuesto necesario para vivir plenamente la fiesta.