
València ha empezado la semana con una imagen poco habitual. Las aulas han notado la ausencia de parte del profesorado. Las calles han recibido columnas de docentes. Y muchas familias han tenido que mirar el calendario con más atención de la habitual. No era un lunes cualquiera. Era el arranque de una huelga indefinida en educación que llega en plena recta final del curso.
La protesta no solo afecta a los centros. También toca la organización familiar, la circulación por la ciudad y la tranquilidad de los alumnos que preparan la PAU. Por eso, la primera jornada ha dejado una pregunta en el aire: ¿qué consecuencias puede tener esta huelga si se alarga durante los próximos días?
El paro comenzó este lunes 11 de mayo en los centros públicos de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato de la Comunitat Valenciana. Desde primera hora, la jornada estuvo marcada por piquetes informativos en colegios e institutos. Después llegaron las marchas. En València, seis columnas docentes avanzaron desde distintos puntos hasta confluir en la plaza de San Agustín, convertida en el gran punto de encuentro de la protesta.
El primer choque llegó con las cifras. Los sindicatos convocantes hablaron de un seguimiento del 88% del profesorado. Así lo defendió José Seco, presidente de CESIF Educación, en Valencia Abierto. “El seguimiento ha sido muy elevado. Nosotros lo calculamos alrededor del 88%, ya con datos más ajustados a la realidad”, señaló. La Conselleria de Educación, en cambio, rebajó el dato a dos de cada cuatro docentes, alrededor del 47%.
Los efectos de la huelga
Más allá del baile de porcentajes, la huelga ya ha dejado efectos visibles. Uno de los más inmediatos ha sido el tráfico. Las marchas docentes han recorrido diferentes zonas de la ciudad y han complicado la circulación hacia el centro desde buena mañana. Una columna partió desde el IES Jordi de Sant Jordi y atravesó Ruzafa. Otra salió desde la plaza de Patraix en dirección a plaza España. También hubo recorridos desde la sede de la Conselleria de Educación, en la avenida de Campanar, desde la zona marítima y el Cabanyal, desde la estación de metro de Empalme y desde plaza de España con docentes llegados de La Hoya de Buñol.
La huelga también se ha notado en las familias. En algunos hogares, el problema ha sido práctico. Quién recoge a los niños. Cómo se organiza el día. Qué pasa si el paro continúa. Pero en otros centros, parte de las familias ha decidido apoyar públicamente las movilizaciones. Es el caso de la AFA del CEIP l’Albereda de València, que difundió un manifiesto en defensa de las reivindicaciones docentes.
“Como familias, entendemos que la huelga no es un fin, sino una herramienta legítima para exigir mejoras necesarias y urgentes”, recoge el texto leído a las puertas del centro. Las familias reconocen que los días sin clase pueden generar dificultades organizativas, pero defienden que no actuar tendría un impacto mayor a largo plazo. También reclaman una educación pública “digna, inclusiva y de calidad para todo el alumnado”.
Ese respaldo familiar conecta con una de las ideas que los sindicatos quieren poner en el centro. La protesta no se limita al sueldo de los profesores. Según explicó José Seco, las reivindicaciones incluyen salarios, sí, pero también ratios, instalaciones, inclusión, recursos y condiciones reales dentro de los centros. “Se ha focalizado mucho en la nómina de los docentes, pero hay muchas más reivindicaciones”, apuntó durante la entrevista.
Una renovación de las infraestructuras escolares
Uno de los temas más sensibles es el estado de las instalaciones. La llegada del calor ha convertido este punto en algo más que una reclamación administrativa. Seco lo explicó de forma directa. “Imagínate esta semana, ya con las temperaturas que estamos teniendo, las condiciones que se van a producir ahora, en la primera quincena de mayo, en los centros educativos. Y solo puede ir a peor, porque en junio hará más calor”. Por eso, CESIF pide un plan integral de infraestructuras donde el clima tenga un papel central. El objetivo es que docentes y alumnado puedan trabajar y estudiar con temperaturas dignas.
La huelga llega, además, en un momento delicado para segundo de Bachillerato. La PAU está cerca y la Generalitat ya trabaja con distintos escenarios para garantizar el final de curso. Los servicios mínimos incluyen la totalidad del profesorado de segundo de Bachillerato, una decisión que también ha generado debate. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana rechazó la solicitud sindical contra esos servicios mínimos. CESIF ha asegurado que acata la resolución.
Sobre la PAU, José Seco quiso lanzar un mensaje de calma. Recordó que la LOMLOE obliga a realizar evaluación continua y que los alumnos de segundo de Bachillerato ya tienen notas durante el curso. “Los alumnos de segundo de Bachillerato no están carentes de notas”, afirmó. También defendió que ningún profesor quiere perjudicar a su alumnado en unas pruebas tan importantes. “Ningún docente quiere que su alumnado salga mal parado en unas pruebas tan importantes como la PAU”, señaló.
La preocupación, por tanto, no está solo en el calendario académico. Está también en la negociación. Los sindicatos consideran insuficiente la propuesta económica de la Conselleria. Según Seco, la primera oferta de 75 euros en tres años se quedaría, tras deducciones, en unos 18 euros más al mes. CESIF había pedido 300 euros mensuales para los docentes. También reclama mayor inversión por alumno, más recursos para inclusión y permisos que permitan, por ejemplo, llevar a un hijo al médico sin perder ese día de sueldo.
Calendario de las protestas
La semana de protestas continuará con nuevas acciones. Este martes 12 de mayo está prevista una batida de carteles reivindicativos y encierros en centros educativos. El miércoles 13 habrá concentraciones a las 12:00 horas ante el Palau de la Generalitat, la Casa de les Bruixes y la Casa dels Caragols. El jueves 14 se repetirán las protestas ante la Conselleria de Educación y las direcciones territoriales de Alicante y Castellón. El viernes 15 llegará la gran manifestación unitaria en València.
La huelga educativa entra así en una fase clave. Las consecuencias ya se ven en las calles, en los centros y en las casas. Ahora falta saber si la presión de docentes, familias y alumnado abre una negociación capaz de frenar el conflicto. De momento, los sindicatos mantienen la convocatoria indefinida. La Conselleria defiende sus cifras y sus servicios mínimos. Y València se prepara para una semana en la que la educación pública va a estar en el centro de todo.













