La inminente aprobación de la Zona Acústicamente Saturada (ZAS) en Ruzafa ha encendido las alarmas entre hosteleros y empresarios del ocio nocturno, que advierten de las consecuencias que tendrá la reducción de horarios en terrazas, discotecas y locales del barrio.
La Asociación por una Hostelería Responsable en Russafa y la Asociación Empresarial de Discotecas de Valencia (AD) han manifestado su rechazo en una rueda de prensa celebrada en el propio barrio, donde han denunciado el impacto de la nueva regulación impulsada por el Ayuntamiento. Aseguran que consideran las medidas excesivas y que podrían afectar tanto a la economía como al equilibrio social de la zona.
Ambos colectivos creen que el anuncio de la inminente aprobación de la ZAS de Russafa, que incorpora nuevas restricciones para las pymes del ocio y las discotecas, responde «a la crisis que ha provocado en el Ayuntamiento de València la sentencia judicial en contra de la celebración de los festivales en la Ciudad de las Artes«.
En este sentido, sostienen que el consistorio «prefiere huir hacia adelante» en lugar de abordar soluciones específicas para el conflicto de los festivales, y consideran que la aplicación de la ZAS en Ruzafa se está utilizando como «una cortina de humo para tapar su incompetencia en la gestión».
Los empresarios subrayan que la zona afectada ha sido, durante años, un referente en la aplicación de medidas contra el ruido y en la convivencia con los vecinos, lo que, a su juicio, hace incomprensible la dureza de las nuevas restricciones.
Impacto en el ocio y posibles consecuencias
Desde el sector advierten de que la reducción de horarios y la limitación de nuevas licencias pueden tener un efecto directo sobre la actividad económica del barrio, especialmente en pequeños negocios vinculados al ocio. Además, alertan de que estas medidas podrían provocar efectos no deseados en la convivencia.
Según explican, algunas empresas se plantean dejar de aplicar protocolos que venían desarrollando para minimizar molestias, como el control de acceso o la presencia de personal para evitar conductas incívicas en la calle. Esta situación, aseguran, podría generar el efecto contrario al buscado por la normativa, aumentando los problemas en el espacio público en lugar de reducirlos.
Petición de amparo y diálogo con el Ayuntamiento
Ante este escenario, las asociaciones han solicitado formalmente una reunión con la alcaldesa, María José Catalá, para trasladarle su malestar y pedir una revisión de las medidas.
El sector reclama abrir una vía de diálogo que permita compatibilizar la actividad económica del barrio con el descanso vecinal, sin recurrir a restricciones que consideran desproporcionadas.
Mientras el Ayuntamiento defiende la ZAS como una herramienta para reducir la contaminación acústica, el conflicto con los hosteleros evidencia la tensión entre el modelo de ocio urbano y la calidad de vida en uno de los barrios más emblemáticos de Valencia.













