La Fe desvela todos los consejos para adaptarse al cambio de hora

El cambio de hora vuelve a irrumpir en la rutina cotidiana como uno de esos ajustes estacionales que, aunque asumidos por la mayoría, siguen generando cierto desconcierto. Más allá de modificar la hora en relojes y dispositivos, este pequeño gesto implica una adaptación física y mental que afecta directamente al descanso, la organización del día y el rendimiento en las jornadas posteriores.

Con la llegada del horario de verano, la sociedad se enfrenta a una transición breve pero significativa. La alteración del reloj biológico obliga al organismo a reajustarse en pocos días, un proceso que suele pasar desapercibido para muchos, pero que en otros casos se traduce en fatiga, desorientación o cambios en el estado de ánimo.

Este fin de semana tendrá lugar el ajuste correspondiente a la entrada en el horario de verano. En la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo, los relojes deberán adelantarse una hora. Es decir, cuando marquen las 02:00, pasarán a ser las 03:00.

A pesar de su carácter habitual, el cambio de hora continúa siendo objeto de debate. En los últimos años, distintos sectores han cuestionado su utilidad, especialmente ante la reducción del impacto en el ahorro energético, uno de los principales argumentos que justificaron su implantación. Esta discusión ha llevado incluso a plantear su posible eliminación a nivel europeo.

Sin embargo, mientras no exista una decisión común, el ajuste horario sigue aplicándose de forma obligatoria. Esto mantiene vivo un dilema recurrente entre quienes defienden sus beneficios en el aprovechamiento de la luz natural y quienes señalan sus efectos negativos sobre la salud y la productividad, especialmente en los días posteriores al cambio.

Un desajuste en el organismo

En términos fisiológicos, el impacto del cambio de hora no es homogéneo. Aunque muchas personas se adaptan sin grandes dificultades, otras experimentan durante varios días una sensación de cansancio, somnolencia o dificultad para conciliar el sueño. Este desajuste responde a la alteración del ritmo circadiano, el mecanismo interno que regula los ciclos de sueño y vigilia.

Además, pueden aparecer ligeras variaciones en el estado de ánimo o en los niveles de energía, efectos que suelen desaparecer de forma progresiva. No obstante, en personas mayores o con ciertas patologías, este proceso de adaptación puede requerir una mayor atención para evitar complicaciones como desorientación o riesgo de caídas.

Ante este escenario, los especialistas del Hospital La Fe han elaborado una serie de recomendaciones para facilitar la adaptación al horario de verano. Según explica la enfermera adjunta de Medicina Interna y Aparato Locomotor, Carmen Montaner, uno de los consejos clave es adelantar la hora de acostarse entre 15 y 20 minutos en los días previos, permitiendo así una sincronización más gradual del organismo.

A esta medida se suma la importancia de mantener una adecuada higiene del sueño. Reducir el uso de pantallas por la noche, moderar el consumo de cafeína y alcohol, establecer horarios regulares y evitar siestas prolongadas son pautas fundamentales para lograr un descanso más reparador durante este periodo de transición. También se recomienda incorporar actividad física moderada y rutinas de relajación.

Por su parte, el jefe del servicio de Medicina Interna, José Antonio Todolí, subraya la necesidad de prestar especial atención a pacientes con patologías cardiovasculares o diabetes. En estos casos, aconseja un seguimiento más estrecho, especialmente en el control de la glucemia, ya que los cambios en el sueño y la alimentación pueden alterar los niveles de azúcar en sangre.

Especial atención en personas los más mayores

Los profesionales también destacan el papel de familiares y cuidadores, quienes deben garantizar entornos seguros y rutinas estables, especialmente en personas mayores. Mejorar la iluminación nocturna y evitar la automedicación con inductores del sueño son medidas clave para prevenir riesgos durante los días posteriores al cambio horario.

En definitiva, aunque el cambio de hora supone una alteración puntual, su impacto puede minimizarse con una preparación adecuada y hábitos saludables. La clave está en facilitar al organismo una adaptación progresiva, prestando especial atención a los colectivos más vulnerables y recordando que, en pocos días, el cuerpo termina por ajustarse de forma natural al nuevo ritmo.