El tiburón blanco llega a las costas valencianas

Durante años, el tiburón blanco ha sido percibido como un visitante lejano, casi exclusivo de océanos abiertos y costas remotas como las de Australia, Sudáfrica o Estados Unidos. Sin embargo, la ciencia vuelve a confirmar una realidad que el Mediterráneo ha guardado en silencio durante décadas. Resulta que el gran tiburón blanco nunca se fue del todo y sigue apareciendo en aguas españolas, incluidas las valencianas.

El 20 de abril de 2023 se produjo un suceso que marcaría un antes y un después en la biología marina del litoral mediterráneo español. Un tiburón fue capturado de forma accidental por un barco pesquero frente a las costas de Santa Pola y la isla de Tabarca.

En un primer momento, como ha ocurrido tantas veces en el pasado, surgieron dudas sobre la identidad del animal. En el mar, especies como el marrajo y el tiburón blanco pueden confundirse fácilmente. De hecho, durante más de un siglo numerosos registros quedaron en entredicho por esta razón.

Para evitar cualquier error, un equipo de investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz, decidió ir más allá de la simple observación externa. Se tomaron muestras de tejido del animal y se sometieron a un análisis genético exhaustivo mediante la técnica conocida como “código de barras de ADN”.

Los resultados fueron concluyentes: el análisis arrojó una coincidencia genética del 98 % con la especie Carcharodon carcharias. Es decir, era un tiburón blanco, según las comparaciones realizadas en bases de datos científicas internacionales. La confirmación ha sido publicada posteriormente en la revista científica especializada Acta Ichthyologica et Piscatoria.

Un macho juvenil

El ejemplar estudiado no era un adulto, sino un macho juvenil, una circunstancia que multiplica la importancia del hallazgo. Medía aproximadamente 210 centímetros de longitud total y su peso se estimó entre los 80 y 90 kilos. Todo esto indica que se encontraba en una fase temprana de su desarrollo.

La presencia de individuos tan jóvenes en el Mediterráneo es extremadamente rara, ya que los registros de crías y juveniles de tiburón blanco en este mar son muy escasos, como ya señalaron estudios previos sobre la especie.

Imágenes del tiburón blanco / Acta Ichthyologica et Piscatoria

Precisamente por su juventud, este tiburón ha abierto nuevas preguntas entre la comunidad científica. Hasta ahora, se consideraba que las principales zonas de cría del tiburón blanco en el Mediterráneo se localizaban en el Estrecho de Sicilia y el golfo de Gabès, en el norte de África.

La aparición del ejemplar juvenil en aguas españolas plantea ahora dos hipótesis fundamentales: que este tiburón naciera en alguna de esas zonas de cría conocidas y realizara una migración excepcionalmente larga, o que exista una zona de cría aún no identificada más cerca de las costas españolas. Esta segunda opción, por el momento, desconcierta a la comunidad investigadora, pero constituiría un hallazgo extraordinario.

¿Por qué llegan a las costas valencianas?

La presencia del tiburón blanco en el litoral valenciano no es casual ni aleatoria. Los investigadores destacan una clara relación entre sus desplazamientos y las rutas migratorias del atún rojo, una de sus presas principales.

Cada primavera, el atún entra al Mediterráneo para reproducirse, y áreas como el levante peninsular, las Baleares y las aguas frente a Alicante funcionan como corredores naturales de tránsito. Desde el punto de vista ecológico, la explicación es sencilla: donde hay abundancia de presas, aparecen los grandes depredadores. De hecho, el declive histórico del tiburón blanco en el Mediterráneo coincide con la drástica reducción del atún rojo durante el siglo XX.

Y aunque ahora todo esto haya despertado un gran interés mediático, los científicos recuerdan que el tiburón blanco siempre ha mantenido una presencia silenciosa en el Mediterráneo occidental.

De hecho, los registros históricos lo demuestran. Por ejemplo, el ataque a un bañista en Málaga en 1862, atribuido en su época a un “marrajo” pero que, por la descripción del animal, encaja con un gran tiburón blanco. Así como también, las marcas de mordedura detectadas en una tortuga boba en 2006 o la captura de una hembra de más de cinco metros en el Estrecho de Gibraltar en 2015.

A pesar de todos los sucesos, los incidentes con personas han sido excepcionalmente raros a lo largo de más de 160 años. Por lo tanto, esta especie no supone un riesgo relevante para la población costera.

Mapa de los registros de ejemplares de tiburón blanco en las costas españolas / Acta Ichthyologica et Piscatoria

Actualmente, el tiburón blanco está catalogado como una especie vulnerable. Su lento ciclo reproductivo, la madurez tardía, la pesca accidental y la reducción de sus presas lo convierten en un animal especialmente sensible a la presión humana.

No implica más población de tiburones

Los investigadores insisten en la cautela y subrayan que, con los datos disponibles, no se puede afirmar que la población mediterránea esté recuperándose. Tal y como explica José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y primer autor del estudio, este nuevo registro podría reflejar una mejora en los sistemas de seguimiento y en la colaboración con el sector pesquero, más que un aumento real del número de tiburones.

 

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Más allá de su aura legendaria, el tiburón blanco cumple una función esencial en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Como superdepredador altamente migratorio, conecta diferentes regiones del Mediterráneo y contribuye al buen estado del océano.

La confirmación de su presencia en aguas valencianas no solo es una noticia científica de gran relevancia, sino también un recordatorio de la necesidad de proteger un mar que aún guarda secretos y especies clave para su equilibrio.