
La muerte violenta de Álex, el niño de 13 años asesinado el sábado en una vivienda de Sueca, sigue envuelta en numerosas incógnitas pese a la confesión del principal sospechoso. Este lunes, coincidiendo con la práctica de la autopsia en el Instituto de Medicina Legal de Valencia, la Guardia Civil mantiene abiertas varias hipótesis sobre el crimen, consciente de que el móvil y la secuencia exacta de los hechos resultarán determinantes para aclarar qué ocurrió realmente en el domicilio de la calle Trinquet Vell.
El detenido, un hombre de 48 años y padre del amigo con el que se encontraba la víctima, se presentó voluntariamente en el cuartel de la Guardia Civil de Sueca poco después de los hechos y aseguró ser el autor del homicidio. Sin embargo, su falta de concreción en el relato, unido a determinados indicios recogidos en la escena, ha llevado a los investigadores a no dar por cerrada ninguna posibilidad.
Primera hipótesis: un ataque de locura del detenido
Una de las principales líneas que se analizan es la de un episodio de pérdida de control o alteración mental puntual. El detenido sostiene que actuó de manera impulsiva, sin causa concreta, y ha atribuido el crimen a un «ataque de locura». Esta versión será contrastada con los informes forenses y psiquiátricos que se elaboren en los próximos días para determinar su estado mental en el momento de los hechos.
Los investigadores consideran esencial saber si existía alguna patología previa, consumo de sustancias o un episodio disociativo que pudiera explicar una agresión tan extrema contra un menor que, según el entorno, mantenía una relación de amistad habitual con su hijo.
Segunda hipótesis: el contexto familiar y un posible trasfondo de violencia
Otra hipótesis que se maneja, sin que implique necesariamente una exoneración penal, apunta a un posible trasfondo de violencia vinculada al ámbito familiar. El detenido había atravesado una separación conflictiva y contaba con antecedentes relacionados con violencia machista, aunque fue absuelto judicialmente y tenía la custodia de sus hijos.
Los agentes tratan de determinar si existía una carga emocional previa, tensiones acumuladas o un contexto de inestabilidad que pudiera haber derivado en una reacción desproporcionada. No obstante, los investigadores reconocen que descargar la violencia sobre un menor ajeno a cualquier conflicto directo resulta difícil de encajar desde el punto de vista racional.
La tercera hipótesis: el encubrimiento de su hijo
Una de las posibilidades más delicadas que sigue sobre la mesa es la de un eventual encubrimiento. Aunque tanto el detenido como su hijo, de la misma edad que la víctima, sostienen que fue el padre quien atacó mortalmente a Álex, la Guardia Civil no descarta que el relato esté pactado.
En este punto, los análisis de ADN, huellas dactilares y la trayectoria de las heridas serán determinantes para saber quién empuñó realmente el cuchillo. La autopsia permitirá precisar el ángulo de las lesiones, la fuerza empleada y la hora exacta de la muerte, datos que ayudarán a reconstruir la secuencia de los hechos y a comprobar si encaja con la versión ofrecida.

En la vivienda fueron intervenidos un cuchillo de cocina y un bate de béisbol, además de múltiples muestras biológicas. Los agentes de Criminalística continúan analizando estos indicios para confirmar si hubo un único instrumento homicida o si existieron otros elementos implicados en la agresión.
También se investiga el tiempo transcurrido entre la agresión y la entrega del detenido, un dato clave para validar o descartar contradicciones en el relato. Cualquier desfase relevante podría reforzar la sospecha de una escenificación posterior.
La cronología de una tarde que acabó en tragedia
La secuencia de los hechos se concentra en apenas unas horas de la tarde del sábado. Álex, de 13 años, había participado previamente en un partido de fútbol con su equipo local y regresó a casa tras finalizar el encuentro. Poco después, alrededor de media tarde, informó a su madre de que iba a acudir al domicilio de un amigo para ayudarle con un asunto relacionado con el ordenador. La visita, en principio breve y habitual, se produjo en una vivienda situada en la calle Trinquet Vell de Sueca, donde residía el padre del menor que posteriormente se entregó como presunto autor del crimen.
En el interior de la vivienda se encontraban los dos adolescentes y el adulto, según las primeras reconstrucciones realizadas por la Guardia Civil. Durante aproximadamente una hora, los menores estuvieron utilizando el ordenador y jugando a la videoconsola en una de las habitaciones, sin que conste ninguna incidencia previa. Fue en ese intervalo cuando, por causas todavía sin esclarecer, se produjo la agresión mortal.

Poco antes de las 18.30 horas, el hombre abandonó el domicilio tras dejar a su hijo al cuidado de familiares cercanos y se dirigió al cuartel de la Guardia Civil de Sueca, donde se presentó de forma voluntaria para confesar los hechos. De manera casi simultánea, varias patrullas se desplazaron hasta la vivienda, donde localizaron el cuerpo sin vida del menor. A partir de ese momento, la calle quedó acordonada y se activó el protocolo de investigación por muerte violenta, mientras los agentes iniciaban la inspección ocular que se prolongó durante horas.
A la espera de respuestas definitivas
Mientras Sueca continúa conmocionada por el asesinato y la familia del menor recibe el apoyo de vecinos, compañeros y autoridades, la investigación avanza con cautela. La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, ya ha subrayado que “todas las hipótesis siguen abiertas” hasta contar con los resultados definitivos de las pruebas forenses.
La autopsia que se practica este lunes marca un punto de inflexión en un caso que ha sacudido a toda la Ribera Baixa. Solo entonces, con datos objetivos sobre la mesa, los investigadores podrán empezar a cerrar escenarios y acercarse a una explicación sólida de un crimen que, por ahora, sigue planteando más preguntas que respuestas.










