Javier Burgos viajaba en el vagón número 7 del tren Iryo que descarriló en Adamuz.

El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), uno de los más graves registrados en España en las últimas décadas, sigue dejando historias de dolor, pero también de supervivencia. Entre los pasajeros que lograron salvar la vida se encuentra Javier Burgos, un joven valenciano de 21 años que viajaba en el tren de alta velocidad de la compañía Iryo que descarriló y colisionó con otro convoy.

Según ha recogido el diario Levante-EMV, Javier, vecino de Valencia y estudiante en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, había pasado el fin de semana en Andalucía por motivos profesionales. Forma parte del trío de cuerda ‘Areti’ y había viajado a Málaga para ofrecer dos conciertos junto a otros músicos. El plan inicial era regresar a Madrid en un tren posterior, pero una decisión de última hora cambió su destino.

El joven adelantó su regreso para poder asistir a un ensayo la misma noche del domingo. A las 18:40 horas, subió al tren Iryo con destino Madrid en la estación María Zambrano de Málaga, sin imaginar que poco más de una hora después su vida estaría a punto de truncarse.

La Guardia Civil investiga la causa del accidente de Adamuz.

Sobre las 19:45 horas, a la altura del municipio cordobés de Adamuz, el convoy sufrió un descarrilamiento que acabó en colisión con otro tren que circulaba en sentido contrario. Javier viajaba en el vagón número 7, uno de los más afectados. Según relata en Levante-EMV, llevaba puestos auriculares con cancelación de ruido, pero aun así percibió con claridad que algo iba mal. «Escuché un golpe muy duro y luego noté muchos baches y saltos», explica.

“Pensé que estaba vivo”

El caos se apoderó del interior del vagón. El tren  inclinado sobre las vías, pasajeros amontonados, gritos y una oscuridad casi total marcaron los segundos posteriores al impacto. «No sé cuánto tiempo, serían 30 o 40 segundos, pero para mí fueron eternos», relata Javier.

Cuando el movimiento cesó, el joven tuvo un pensamiento claro: «solamente pensé una cosa, me di cuenta de que estaba vivo». A pesar de viajar en un coche donde murieron varios pasajeros, él no salió despedido de su asiento, algo que aún hoy considera casi inexplicable y que achaca a ir sentado en contra del sentido de la marcha. «Noté una fuerza enorme con el frenado del tren, y esa fuerza me pegaba al asiento», destaca.

Convencido de que debía salir cuanto antes, buscó el martillo de emergencia para romper la ventanilla. Tras varios intentos fallidos, logró abrir una salida a patadas y escapar al exterior junto a otros viajeros. En medio de la noche y con temperaturas muy bajas, permaneció junto a un grupo de pasajeros heridos hasta la llegada de los equipos de emergencia.

Equipos de emergencia y la Guardia Civil en el lugar del accidente de trenes en Adamuz. / SUSANA VERA (REUTERS)

Heridas leves tras una vivencia de «pesadilla»

Javier fue trasladado primero a una zona cercana y posteriormente evacuado en ambulancia a un centro sanitario. Presentaba cortes en una ceja y en una mano, heridas leves que requirieron algunos puntos de sutura. Los heridos menos graves fueron derivados a ambulatorios para liberar los grandes hospitales para los casos más críticos.

El joven fue consciente rápidamente de que había tenido una suerte extraordinaria. Apenas unos días después del accidente, Javier reconoce que aún no ha asimilado lo ocurrido. «Es como una pesadilla, como algo que he vivido pero no es real», afirma con sinceridad desde Madrid.

Habitual usuario de la línea de alta velocidad, el joven aseguraba sentirse cómodo viajando en tren y no plantea dejar de hacerlo por su trabajo, aunque admite que volver a subir a un convoy ya no será lo mismo. «Supongo que a partir de ahora será una experiencia distinta», reconoce.