Investigadores valencianos consiguen detectar el alzhéimer a los 37 años

El equipo de investigación analizó más de 4000 imágenes de resonancia magnética de cerebros sanos y enfermos

28

Un equipo de investigación de la Universitat de Valencia y de la Universitat Politècnica de Valencia desarrollan avances que ofrecen nuevas claves sobre la evolución del alzhéimer. En este trabajo también participan expertos del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia y la Universidad de Burdeos.

El estudio constata que las alteraciones neuropatológicas empiezan mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. En los afectados por esta patología se produce una atrofia temprana del hipocampo entre los 37 y los 39 años y de la amígdala entre los 40 y los 44 años.

Este trabajo establece un marco de referencia que permite entender cuál es la dinámica de un cerebro sano y cuál la del cerebro afectado por alzhéimer. Para llegar a él, el equipo de investigación analizó más de 4000 imágenes de resonancia magnética de cerebros sanos y enfermos, de sujetos con edades comprendidas entre los 9 meses y los 94 años de edad. Para ello utilizaron “volBrain”, una plataforma en línea gratuita desarrollada por el equipo de la UPV y el CNRS que permite un análisis automático, rápido y detallado del volumen de diferentes estructuras del cerebro.

En el estudio se evaluaron 2944 resonancias de cerebros sanos, a partir de las cuales se desarrollaron el modelo de la evolución “normal” de los volúmenes cerebrales a lo largo de la vida, y con otras 1400 de pacientes con alzhéimer de más de 55 años, se construyó el modelo de los cerebros enfermos. “A partir de la comparación de ambos modelos, el estudio permitió constatar cuándo se producen esas primeras alteraciones en el cerebro”, destaca José Vicente Manjón, investigador del grupo IBIME-ITACA de la Universitat Politècnica de València.

El investigador de la UPV apunta además que este trabajo podría ayudar en el diseño de nuevos fármacos para ralentizar el progreso de la patología. “El nuevo modelo propuesto nos da información sobre los cambios del cerebro en una fase muy temprana (de los 40 a los 55 años) de la enfermedad y de la que apenas se tenían datos. Esto abre la puerta a estudiar el efecto de futuros fármacos en una fase preclínica cuando la degradación del cerebro puede aún ser reversible”, destaca Manjón.