Nano perdonó al Málaga con una ocasión clara (0-0)

El Levante UD saca un valioso punto ante el Málaga CF aunque pudo llevarse los tres puntos tras un mano a mano entre Nano y Roberto.

Morales acarició el balón cuando el cronómetro ya había superado el tiempo reglamentario y el feudo de La Rosaleda entró en estado de pánico. El encuentro moría mientras el Comandante activaba sus constantes vitales para proyectarse hacia los dominios de Roberto. El vértigo se apoderó del futbolista azulgrana. Sus botas escondían dos turbinas que parecían propulsarle en dirección hacia la portería malacitana en un contragolpe de raíz diabólica. El radar que esconde el interior de su mente se activó en busca de la opción más clarividente. La grada del coliseo andaluz dibujó un rictus que acentuaba aquella emoción que deriva del miedo. Y cada paso del futbolista, con el esférico imantando a sus botas, acrecentaba esa sensación de pavor. Morales miró al tendido y lanzó un brindis al sol. Su imaginación es ilimitada. Fue un servicio milimétrico que dejó desnudo a Nano con Roberto. Las luces se apagaron y el foco luminoso centró la atención sobre las figuras del atacante y del meta. Dos fuerzas que resultan equidistantes entraron en acción. Fue un desafío supremo; una especie de ruleta rusa que podía marcar el destino de una confrontación sin excesivos sobresaltos en el interior de las áreas de cada uno de los rivales. Roberto no se dejó intimidar. Los segundos fueron eternos. La angustia de la situación no le engulló. Aguantó lo indecible para estirarse al máximo y rechazar el disparo del delantero azulgrana. La tragedia, y su sentido más opuesto, en el fútbol siempre prevalece una idea antitética, se materializó en el postrer minuto, pero todo concluyó con una igualada escasamente celebrada por el grupo que lidera Michel y notablemente evaluada por la escuadra blaugrana porque le permite seguir sumando y añadiendo dígitos a su casillero particular.

Es uno de esos empates que cuentan y refuerzan estados de ánimo. La disciplina del balompié no entiende de tendencias; no tiene escrúpulos. Los hechos se van sucediendo de manera dictatorial. Y hay que saber interpretarlos. Podría debatirse sobre la contundencia del castigo para el Málaga si Nano hubiera hecho pleno en el arco blanquiazul, pero lo cierto es que los acontecimientos quedaron consignados de esa manera desde una perspectiva cronológica. El choque languideció y los chicos de Michel todavía no se habían recuperado del tembleque que generó el cara a cara entre Roberto y Nano. Fue la acción más diáfana de las huestes granotas en el cómputo general de la cita, pero pudo ser determinante. El partido que enfrentó al Levante y al Málaga no fue una oda al fútbol en estado puro. Los condicionantes caracterizaron el curso de la confrontación. La entidad de Ofrriols se presentó en tierras malagueñas con un parte de guerra demoledor.

Hasta seis jugadores se quedaron en Valencia por lesiones de distinta consideración. No es un hecho ni menor, ni anecdótico. El balón volvía a rodar en el escenario de la competición liguera después de la derrota saldada ante el Atlético de Madrid (0-5). Quizás la concatenación de esos factores refuerce el aporte y el valor del punto conquistado. Oier alzó un muro que disipó cualquier atisbo de duda y el bloque se batió con fe y con vigor durante el desarrollo de la batalla. Nadie escatimó esfuerzos en una lucha sin tregua y sin concesiones. El Levante salió indemne de La Rosaleda, ante un adversario herido, tras demostrar que la tenacidad y la fe son argumentos que cotizan al alza en su ideario. Su código genético acentúa esos componentes. La solidaridad y ese espíritu de hermandad tan característico le permitió sobrevivir en la inmensidad de un partido marcado por una exigencia supina ante el significado de la victoria.

Desde ese prisma, el punto refuerza la solidaridad suprema de un colectivo que crece exponencialmente cuando actúa de manera grupal. La solidez defensiva del Levante fue capital. La propuesta ofensiva del Málaga solía perder fundamento en las inmediaciones del área azulgrana. Fue una constante durante los noventa minutos. Y la tendencia aumentó en el capítulo final cuando la ansiedad menguó el ánimo del equipo de Michel y el cansancio abrió grietas. El paso del tiempo confundió al Málaga. En esa fase los balones colgados al área defendida por el arquero vasco se sucedieron para coronar la labor de Postigo y Chema, imperiales en las acciones que sobrevolaban sus cabezas. La intensidad y el rigor táctico mantuvieron a buen recaudo a un Levante que quizás le faltó un punto de claridad en la zona de tres cuartos para tumbar a su enemigo. Con todo soñó con la victoria en una contra mortífera conducida por Morales que agigantó la imagen de Roberto.

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