enes ünal
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Borja García se perfiló por el exterior izquierdo del ataque del Girona para conquistar la frontal del área azulgrana. El atacante alzó la vista y clavó el balón en la escuadra de la meta defendida por Raúl. El cuero impactó de forma violenta en el larguero para besar la red y fustigar el alma de los jugadores levantinistas. Fue una diana inapelable para los guantes del arquero vasco acostumbrado a sostener a su equipo con paradas que se recuerdan. El gol ratificó que el fútbol posiblemente no entienda de tendencias. En el nacimiento del segundo capítulo del juego el Levante parecía surgir desde las profundidades de las tinieblas para manifestarse por los alrededores del arco catalán. No obstante, la furia del grito del futbolista de la escuadra gerundense ahogó la ilusionante reacción que trataba de enarbolar el colectivo propietario del Ciutat de València. Stuani provocó una sensación de abatimiento generalizada que el gol de Enes Ünal no alivió porque no había tiempo ni para reactivar la esperanza ni para convocar la ilusión.

La disciplina del balompié no siempre es fácil desenmascarar. En ocasiones, resulta indescifrable. El Levante marchó a los vestuarios a la finalización del primer acto indemne a las reiteradas envestidas foráneas y recibió un fuerte golpe en el mentón cuando trataba de recomponer su figura y retomar el mando de una confrontación alambicada desde su mismo nacimiento. Dos viejos rivales se volvían a ver las caras sobre el pasto con desafíos parejos en el marco de LaLiga Santander. Son dos bloques que hacen de la resistencia una fórmula para expresar su fútbol. Sucedió durante la pasada temporada en el marco de la competición de Plata. Y aconteció hace escasas fechas en el ámbito de la Copa del Rey. Sucede que no hay dos confrontaciones idénticas. Ni estados anímicos convergentes por más que los adversarios llegaran a la cita con idéntica puntuación y compartiendo espacio en la clasificación general en Primera División.

No tardó el Girona en mostrar sus credenciales. Stuani probó los reflejos de Raúl tras encontrar una grieta por la que se coló. La respuesta del guardameta fue sobresaliente. No es fácil someter al cancerbero local cuando resguarda la línea de gol. El Levante no lograba descodificar la propuesta planteada por Machín. La impresión es que el Girona afronta los enfrentamientos desde la memoria y los automatismos. Sus movimientos están perfectamente asimilados. Es un bloque ensamblado. Nada queda al azar. Y nada parece casual. Su destino está marcado y cuenta con jugadores desequilibrantes en el eje del ataque. Portu asume su papel de guerrillero mientras que Granell pone la calidad y Stuani cumple con la doble condición de poner la pausa y el vértigo cuando se adentra en el interior del área de su oponente. El atacante uruguayo conoce su oficio. Y lo demostró aquí. Las dudas sobre la titularidad de Ünal pronto quedaron zanjadas.

Muñiz incluyó atacante turco en el once inicial apenas unos días después su conversión en futbolista levantinista. Jason y Toño componían el capítulo que hacía referencia a las principales novedades con respecto a las últimas citas ligueras. No obstante, era el Girona quien capitalizaba la atención del balón y quien adquiría mayor espesor en el duelo. El Levante se encomendó a las botas afiladas de Morales para buscar réplicas, pero había más noticias reales de Raúl que apariciones estelares de Bono. El hecho denuncia el desarrollo de la confrontación. Granell probó la consistencia de Raúl sobre la bocina. Quizás al Levante le faltara mayor presencia en la zona de medios. La reanudación presagiaba de inicio un enfrentamiento mucho más abierto. La escuadra azulgrana parecía despojarse del corsé que le había oprimido. Trasladaba una imagen de mayor combatividad sobre el pasto. Morales presentó a Bono en sociedad, pero golpeó el Girona a través de Borja García. Stuani afligió la conciencia levantinista en los minutos finales. El gol de Ünal fue testimonial.